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viernes, 15 de mayo de 2009

SPyMH24: La Batalla de la Plaza del Cedro

El despertador de Mediahostia le devolvió a un mundo en el que no quería vivir. No sólo por la insoportable resaca, era también volver a la dura realidad: el sueño del primer título del Athletic en muchos años había durado sólo tres días de fiesta y desenfreno... pero al final se había terminado de manera abrupta.

Por si esto fuera poco, Superpoco seguía en paradero desconocido y esta tarde Ximenes-Escohombre les había convocado en el Justo porque preveía que en la Plaza del Cedro iba a tener lugar lo que había dado en denominar La Batalla de la Plaza del Cedro.

Así que Mediahostia miró el reloj, vio que ya eran las dos, se pasó un agua por la cara y se fue a la Cafetería Caché a por el menú del día... De puta madre: había fabada, lo mejor contra la resaca. Tras una siesta de esas con baba y todo en el mismo bar, se encaminó al Justo donde empezó a pedir carajillos hasta que fueron llegando todos.

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Podemos decir sin temor a equivocarnos que el Profesor Sanahuja les había vendido la burra a los Hermanos Machancoses. Su "temible" arma no era otra cosa que una bomba de cocacola con mentos con bombas fétidas adosadas. De muchísimos megatones, eso sí. Pero después de haberlo escuchado hablar de dicotiledóneas y partículas subatómicas, los mafiosos de Benimaclet se esperaban algo más... "científico". En cualquier caso, el plan ya estaba en marcha y ahora nada ni nadie los podía detener el PEPDEM (Plan De Emergencia Para Dominar El Mundo). ¿Nada? ¿Nadie?

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Superpoco observaba la Tierra desde el Mar de la Tranquilidad. Se encontraba la mar de tranquilo.

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Ximenes pedía silencio para hablar, pero con el ruido del bar nadie lo escuchaba... Se tuvo que transformar en Escohombre para acojono de toda la concurrencia. Bastó una frase suya para poner en marcha el plan de contingencia diseñado la noche anterior: "A POR ELLOS OEEEEEEEEEEEE, A POR ELLOS OEEEEEEEEEE, A POR ELLOS EEEEEEEEOOOOOOEEEEEEE!!!".

Mediahostia, melancólico, tuvo el presentimiento de que Superpoco iba a ser el protagonista de la salvación de la Tierra. Tuvo un flashback larguísimo sobre todo lo que había vivido con Superpoco (si queréis verlo, id aquí y vais repasando los capítulos desde el primero hasta el último). Cuando volvió en si, estaba solo en el bar.

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Sento el Gros le dijo a Sahuquillo: "Tú mira por ahí y yo miraré por aquí."

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Mariano W. Wilkinson guiaba a Ciriaco el Gandul, que portaba sobre sus anchas espaldas el mecanismo del CPD (Cañón Pédito Dicotiledóneo). Vio un bocadillo de mortadela en el suelo y a punto estuvo de caerse con todo el equipo encima.

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"Esto ya está", comunicó via teléfono celular Mariano W. Wilkinson a los Machancoses, una vez hubo instalado el arma en el centro neurálgico de la Plaza del Cedro.
- OK, dale al Play.
- ¿Dónde está el Play?
- ¿Que dónde está el Play? Y yo qué coño sé... Espera que mando para allá a Sanahuja y te lo explica...

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"Alto ahí, quedarse quietos o disparo", Sento el Gros apuntaba encendido a Wilkinson y Ciriaco con un caliqueño. Ximenes no había previsto la enventualidad de que fuese necesaria un arma digamos... más disuasoria. Justo en ese momento se incorporó al grupo Melitón Machancoses que, en su inmensa hospitalidad, conminó a Ciriaco a que le ofreciera un cenicero al señor Sento. Este retrocedió y se tropezó con Sahuquillo que venía acompañado de Óptimo Bruno. Este lo vio claro: "¡¡¡Hay que desventar las cocacolas antes de que sea demasiado tarde!!!".

Justo entonces llegó Escohombre que se dirigió hacia toda velocidad a los depósitos de cocacola... Pero Ciriaco, que había estado manipulando el cañón en busca de un cenicero accionó por error un botón que no sabía para qué servía pero tenía adherida una pegatina con un triángulo verde apuntando para la derecha... Eso puso en marcha la máquina inexorable de destrucción (también conocida como CPD).

Los 150 kg. de caramelos Mentos se vertieron sobre los inmensos tanques de cocacola y empezaron a obrar una reacción de una efervescencia indomable... Las bombas fétidas ya no pudieron aguantar más y explotaron por vergüenza... ¡Era el fin! Toda la Humanidad se iba a convertir en neoliberales con rizos engominaos...

Pero... ¡JUSTO EN ESE MOMENTO!, apareció Mediahostia que tardo así como cinco segundos en hacerse cargo de la situación... Mucho tiempo, diréis... bueno, en realidad fue menos tiempo, pero pasó así como en cámara lenta... Se acojonó tanto Mediahostia cuando supo qué estaba pasando que su miedo y sus tripas poco cuidadas ese día produjeron una reacción conocida (¡EL SUPERPEDO INCENDIARIO!). Y resulta que este superpedo incendiario anulaba completamente los efectos del CPD. El Profesor Sanahuja, que en ese momento llegaba, hubiera podido preverlo si hubiese tenido más tiempo para sus experimentos, pero "como aquí siempre vamos con el reloj pegao al culo".

La Humanidad, gracias a Mediahostia, estaba salvada.

Horas después la Policía detenía a todos los componentes del Clan de los Machacoses... Les esperaba una buena temporada en la Penitenciería de Socuéllamos.

El Supergrupo de Ximenes, como dio en denominar la prensa a nuestros amiguitos del alma, estaba celebrando el éxito cuando llegó Superpoco. Todos se quedaron anonadados cuando le oyeron decir: "Creo que me voy a hacer budista".

(Fin de la primera temporada)

viernes, 24 de abril de 2009

SPyMH23: Armando velas

Óptimo Bruno sacó el puño y miró desafiante a Sahuquillo y a Sento el Gros.

- Seis con las vuestras.

Sahuquillo, sin embargo, no se amilanó y levantó a su vez su puño.

- Van a ser siete.

Sento el Gros, con una gran fé en si mismo, dijo con calma:

- Leed mis labios... ¡NI-DE-CO-ÑA! Son cinco.

Poco a poco, Óptimo Bruno abrió la mano y dejó ver que en ella ocultaba tres monedas. Sahuquillo mostró que él llevaba dos. Una sonrisa pícara se dibujó en el rostro de Sento el Gros, quien abrió la mano, vacía de monedas, y empezó a reirse al tiempo que decía: "Gin tonic gratis, gin tonic gratis".

******

En la mesa de al lado, el Inspector Ximenes (recuperada su imagen de Inspector Ximenes, una vez que aprendió a controlar cuando ser Escohombre y cuando no) celebraba cónclave con Tartamundos Trotamudo y con Mediahostia. ¿Y dónde estaba Superpoco?

- Tengo la sospecha o más bien la certeza, dada mi condición de narrador omniscente, de que los Machancoses han puesto en marcha el PEPDEM (Plan De Emergencia Para Dominar El Mundo) -Tartamundos Trotamudo declamaba con fina oratoria.
- Tenemos que hacer algo -siempre hay alguien que tiene que abrir la boca para expresar lo obvio y, en este caso, tal honor le correspondió al Inspector Ximenes.
- Pues yo creo que me tomaré otro carajillo -Mediahostia seguía a lo suyo.

******

No lejos de allí, los Machancoses ponían a punto su plan. El Profesor Sanahuja daba parte de su invento. Sus últimos experimentos habían sido un éxito y el arma mortífera estaba lista. Sólo había ocultado a los Machancoses un posible punto débil de su plan... Pero la posibilidad de que se descubriera ese punto débil era tan remota que no valía la pena molestar a los jefes con esas tonterías...

El Mundo Dominado por los Machancoses (MDM) comenzaría al día siguiente. Y todo comenzaría en la Plaza del Cedro.

Mientras tanto, Ciriaco el Gandul devoraba con fruición un bocadillo de mortadela con mayonesa.

******

Superpoco seguía en la Luna, completamente desorientado... "Es bonito esto, me gustaría que Mediahostia estuviera aquí".

viernes, 3 de abril de 2009

SPyMH22: Todos estamos invitados

Tartamundos Trotamudo había recibido amenazas en su buzón, sugiriéndole de las más variadas maneras que terminara la historia de Superpoco y Mediahostia de una manera más digna para nuestros superhéroes. Él esperaba recibir un cheque y un contrato para una serie de televisión, pero... cuando hay hambre buenas son tortas.

Mariano W. Wilkinson llegaba cansadísimo a Benimaclet pero con la satisfacción del deber cumplido. Lo primero que tenía que hacer es dar novedades a los Machancoses. Los encontró en el mismo rincón del mismo pub de siempre, sorbiendo los sempiternos combinados de Licor 43 con naranja. "Misión cumplida", fue escuálido (sic).

Sisebuto Machancoses, el menor de los hermanos, le preguntó, con el hieratismo que le era tan propio, "¿Los tres? ¿Has visto los cadáveres?" "Sí, los tres... eh..." Un helado de saliva se petrificó en la garganta de Mariano, que no pudo responder a la segunda pregunta. No hizo falta.

En aquel momento, a 629 km. de distancia, con música de John Williams de fondo y ante la mirada atónita de los bomberos que realizaban las labores de desescombro de la antigua Pensión Angelita, Superpoco se elevaba por los aires en dirección a la Luna... Suponemos que todavía mareado porla explosión. ¡Lo importante es que estaba vivo!

Minutos después, Melitón Machancoses, que había regresado de la isla de Lost mediante una ingeniosa reclamación en la oficina de objetos perdidos, ponía en marcha en PEPDEM (Plan De Emergencia Para Dominar El Mundo) . Sacó el móvil y llamó a sus sicario Ciriaco el Gandul.

Los bomberos de Burgos tardarían en olvidar aquella jornada. Cuando todavía se estaban restregando los ojos para quitarse el polvo y tratar de convencerse de que lo de Superpoco había sido una alucinación, Mediahostia, con aspecto de fantasma, salió de allí echando leches. Fue al río a lavarse. Estaba vivo y además seguía siendo muy pulcro.

Ciriaco el Gandul se estaba preparando en ese momento un bocadillo de mortadela con mayonesa (¡puaj!). Se derramó mayonesa por la camisa cuando fue a coger el móvil. Era Melitón. "Avisa al Profesor". Cogió la bicicleta y se fue al laboratorio, sin soltar el bocadillo ni limpiarse la mancha de mayonesa.

Superpoco había sobrevivido al atentado de Wilkinson, Mediahostia también, pero... ¿qué pasaría con un pobre mortal como el Inspector Ximenes? El efecto causado por la explosión en las meninges de Ximenes fue demoledor... Se convirtió por arte de birlibirloque en UN NUEVO SUPERHÉROE: Escohombre, ¡el hombre escombro! Y lo bueno es que Ximenes, a diferencia de Superpoco y de Mediahostia, ¡tenía cerebro!

El Profesor Sanahuja ponía a punto su último experimento. Sus investigaciones acerca de las dicotiledóneas y las partículas subatómicas marginadas estaban llegando a buen puerto. Ya casi tenía listo el CPD (Cañón Pédito Dicotiledóneo). En ese momento, llegó Ciriaco el Gandul, su nariz chorreando mocos, y le entregó el mensaje.

Sento el Gros estaba retirado de las investigaciones. Actualmente regentaba un muy rentable gimnasio de cinquillo-dance. Sus grasas se movían al ritmo de una copla de Conchita Piquer mientras depositaba ordenadamente las cartas sobre un tapete de juego. En ese momento, su móvil, en modo vibrador, le hizo cosquillitas en uno de los pliegues de la barriga. ¿Cómo logró convencer Ximenes a Sento de que le ayudara? Quizás nunca lo lleguemos a saber... al menos, hasta que se desclasifiquen los documentos.

El antiguo becario Sahuquillo, ahora metido a santón de alquiler (Milagros, Procesiones y Revelaciones a Domicilio, S.L.) recibió la llamada de Sento el Gros y supo que tenía que decir que sí. Sabía que tenía mucho que aportar a la batalla que se preparaba. Recordemos que era un iluminado.

Óptimo Bruno, sin embargo, seguía siendo un cuarentuno y no había progresado nada en los últimos meses. Así que estuvo encantado cuando Sahuquillo le propuso unirse a la aventura. No tenía planes para el próximo fin de semana.


Carmona Dixit, que era la única que había leído hasta aquí, se dijo para sus adentros: "Aquí se va a liar parda". Como siempre, Camona tenía razón.

viernes, 27 de marzo de 2009

SPyMH21: ¿Y ahora qué?

Mariano, el día de su primera comuniónMariano W. Wilkinson, supermalo vocacional a tiempo parcial, contemplaba complacido su obra. Debajo de aquel montón de cascotes yacían los cadáveres de Superpoco, Mediahostia y el Inspector Ximenes... ¡tres pájaros de un tiro!

La verdad es que no están mal estás bombas que venden en las tiendas de los chinos... ¡te sacan de un apuro!, pensaba Mariano mientras mordisqueaba el caliqueño con el que le gustaba celebrar sus triunfos. Ahora los Machancoses me tendrán que ascender por cojones... a ver si me conceden la exclusiva de los titiriteros en los semáforos de Benicalap.

La verdad es que Mariano no compartía los temores de los Machancoses. Según el trío de hermanos que, desde el corazón de Benimaclet controlaba el hampa de buena parte de la costa levantina, los superhéroes de peluche y el Inspector Ximenes eran las únicas amenazas que podían hacer peligrar la amenaza que ellos mismos constituían de destrucción del mundo. Igual se puede redactar esta última frase un poco mejor, pero no tengo ganas...

O sea, que ahora los planes de destrucción del mundo, según los Machanchoses, ya tenían vía libre.

Mariano se pidió un pepito de ternera y un botellín de Mahou (no tenían, le pusieron San Miguel) en el bar de la estación de Burgos y un rato después dormitaba, cayéndole la babilla, sentado en el Tren Borreguero Burgos-Calamocha-Masarrochos (muy incómodo por cierto).

El mundo seguía rodando, ignorante por completo de la que se le venía encima... pero yo, consciente de todo lo que ha pasado, como narrador omniscente que presumo de ser (vamos, que lo veo todo por un agujerico)... me pregunto alarmado: ¿Y ahora qué?

viernes, 13 de marzo de 2009

SPyMH20: ¡Booooooooomba!

El despertador del Inspector Ximenes tenía como sonido una vieja y mala canción de King África (no confundir con el promotor de todos los combates de boxeo celebrados durante los últimos cincuenta años), de modo que el inicio del día tenía que ser forzosamente traumático.

Luego las cosas no mejoraban. El pensamiento que más veces acudía a la mente del avejentado investigador era "¿Qué cojones estoy haciendo aquí?"

Bien es cierto que Superpoco y Mediahostia no parecían tener demasiado claro ni el programa de enseñanza ni los métodos didácticos que iban a utilizar en su nueva Escuela para Superhéroes Superpoco y Mediahostia, de la que el Inspector Ximenes era el único alumno matriculado (y con beca).

De modo que el Inspector Ximenes, a falta de algo mejor que hacer, se pasaba el día enganchado a Internet repasando, sobre todo, una página que había encontrado buscando su propio nombre en Google. En esta página aparecían narradas con cierto sesgo, mas no sin cierta gracia, algunas de las aventuras más gloriosas que había protagonizado él mismo, la lectura de las cuales le regocijaba en su fuero interno.

Pero un día, descubrió a Superpoco y Mediahostia discutiendo acerca de unos visillos verdes. Ximenes, más sagaz que un Gamyi, supo que ahí había caso y esperó y esperó y así se enteró de los planes de los temibles hermanos Machancoses.

- ¡Un momento! ¡Yo conozco a los Machancoses! -irrumpió e interrumpió Ximenes.
- Huy, me parece que le vamos a tener que incluir una asignatura de Educación para la Ciudadanía a este cenutrio (Nota del autor.- Página estrella de Ínfulas). ¿Es esa forma de entrar en un despacho? Salga usted, Ximenes, llame a la puerta, pida permiso para entrar y si se le concediere, pasará usted, retirándose a sus labores en caso contrario -reconvino Mediahostia con un lenguaje decimonónico que no le era propio cuando sólo era un butanero.

Minutos después, y pese a las múltiples interrupciones y correcciones sintácticas y morfológicas de Mediahostia, Ximenes había conseguido explicar lo que sabía de los Machancoses.

- No hay tiempo que perder. Tenemos que trazar un plan para anular la Amenaza Machancoses- tomó la iniciativa Superpoco, que hasta ese momento había permanecido extrañamente callado.

En ese momento, sin venir a qué, todos los allí presentes se pusieron a reflexionar. Superpoco se rascaba la perilla. Mediahostia acariciaba su pico. Ximenes se llevaba el dedo al ala del sombrero.

- ¿Qué hora es? -preguntó Mediahostia.
- No sé. No tenemos reloj.
- ¿Y ese tic tac?

En ese momento, una horrible y estruendosa explosión convirtió en una montaña de escombros lo que en otros tiempos había sido la Pensión Angelita, luego la Escuela para Superhéroes ChurreríaCanutoSusChurrosEnUnMinuto y, finalmente, y con una brevedad dolorosa, la Escuela para Superhéroes Superpoco y Mediahostia.

(¿continuará?)

viernes, 6 de marzo de 2009

SPyMH19: ¡Patatas traigo!

Superpoco y Mediahostia estaban preocupados:
- Ya hace un par de meses que hemos abierto la escuela y todavía no tenemos ni un solo alumno -exponía Superpoco con el ceño fruncido.
- Los visillos verdes quedan taaaaaaaaaan bien -seguía Mediahostia a su puta bola.
- Yo creo que deberíamos poner un cartel de ¡MATRÍCULA ABIERTA! o algo así.
- ¿Decías algo?
- ¡Patatas traigo!




Let me introduce me, soy el detective Andwhat XimenesEl Inspector Ximenes se había gastado todos sus ahorros en barrachats. Estaba acabado. Desde que Sento el Gros había abandonado la investigación de expresiones (para dedicarse al mucho más rentable negocio de montar timbas clandestinas de cinquillo para las abuelas del Cabanyal), él sólo había conseguido algún qué otro trabajillo investigando el origen de alguna onomatopeya o algo así. ¡Onomatopeyas! Había caído lo más bajo que podía caer. A las alcantarillas del detectivismo expresional.

Un día, sin saber por qué, despertó con una resaca gigantesca en la estación de trenes de Sagunto. Y decidió empezar de nuevo, decidió ir a dónde había sido feliz. Y recordó que una vez se comió una rosca en Burgos, en la Pensión Angelita. Y como resulta que en ese mismo instante paraba en el andén el Tren Articulado Lento del Copón Sagunto-Burgos, en él que se subió.

El viaje (de 48 horas) fue un infierno. No sólo por lo incómodas butacas de listones de madera, sino también por lo cansino que se ponía el revisor con no sé qué de que había que pagar el billete.

Al llegar a Burgos, guióse Ximenes por el instinto y sus pies cansados, doloridos y malolientes le encaminaron a la antigua Pensión Angelita, hoy transformada en la Escuela de Superhéroes Superpoco y Mediahostia. Decepcionado, sin embargo, entró Ximenes y se encontró con una pareja de lo más peripatética: un peluche con los pies en cemento y un pingüino que leía alborozado el diario deportivo pues su equipo se había clasificado para la final de no sé qué copichuela.

- Perdón, yo...
- ¡BIENVENIDO! - espetó Superpoco.
- ¿Quieres ser superhéroe? ¡Has venido al lugar indicado! - contribuyó Mediahostia.
- Bueno, yo...
- Mira en tu interior y seguro que encuentras potencial.
- Bueno, sí, la verdad... Creo que soy capaz, tenaz y perspicaz.
- ¿Y torcaz?
- ¡Quizaz!
- Pues enhorabuena: ya estás matriculado.

(Tantas ganas tenían de tener un alumno que ni siquiera le pidieron dinero al pobre Ximenes)


(Ximenes, aclaro para los menos veteranos lectores, es un clásico de esta casa. Recomiendo muy encarecidamente la lectura de sus casos de investigación de expresiones y la serie Patatas Traigo, que igual continúa un día de estos).

viernes, 13 de julio de 2007

Patatas traigo, segunda temporada (Episodio II)

(Tal como os prometimos, algún día os explicaríamos el origen del mal de Mariano W. Wilkinson. Pues bieno, no sólo hemos conseguido esa explicación, sino que merced a durísimas negociaciones y un pastizal, hemos logrado que sea el propio Mariano W. Wilkinson quien nos narre, en primera persona, el origen del mal. Todo nos parece poco para nuestros amados lectores).

El origen del mal, por Mariano W. Wilkinson

Yo era un niño normal hasta que a los diez minutos de iniciada mi vida una señorita con un uniforme blanco y con una mascarilla que hacía su cara irreconocible cogió el cordón umbilical que me unía a mi mamá y ¡lo cortó! ¡Lo cortó la muy p...!

¿Por qué me hizo eso? ¿Qué le molestaba a ella mi cordón umbilical?

Desde aquel momento desarrollé un odio desaforado por todos los uniformes, las mascarillas y las personas que se visten con ellos.

Mi padre se llamaba Zebulón Wilkinson y era mormón militante. Nos abandonó a mi mamá y a mi cuando yo tenía quince días. No le gustaba mi aliento, eso dijo mi madre que dejó escrito en una nota, pero yo creo que sólo era una excusa mala.

Mariano, el día de su primera comuniónQuizás como rechazo al abandono de mi padre, yo nunca fui muy religioso, aunque accedí a las exigencias de mi mamá de apuntarme a catequesis para hacer la primera comunión porque ella me prometió muchos regalos. Claro que un libro de nácar titulado "El día más feliz de mi vida" no era lo que yo entendía por muchos regalos. De resultas de esa traumática experiencia desarrollé un odio desaforado por todo lo relacionado con la religión, los libros de nácar y mi mamá. Si bien el odio por mi mamá lo desarrollé en una complicada psicopatía con mezcla de neurosis, psicosis, depresión, esquizofrenia y afición/odio a los toros. A veces odiaba a mi madre, a veces me odiaba a mi mismo, a veces odiaba a Manolete y a veces odiaba a Islero.

Cuando cumplí quince años, maté a mi psicólogo. Hice que pareciera un accidente, claro. No le gustaban los toros. A mi tampoco. Bueno, a veces sí. A veces sí me gustaban. Otras veces me gustaban los toreros. Pero a mi psicoanalista no le gustaban ni los toros ni los toreros.

Pero yo creo que el momento crucial a partir del cual decidí que tenía que ser un malvado vocacional tuvo lugar cuando yo iba al instituto. Yo era un joven tímido, introvertido, granujiento y también algo sádico en la intimidad. Pero era un alumno aplicado y silencioso, así que el tutor de mi curso me encomendó la importantísima tarea de guardar el borrador todas las tardes, cuando terminaban las clases. Aquellos que no hayan cursado sus estudios de enseñanza media en el Sorolla se extrañarán de que un alumno tuviera que encargarse del recaudo de los borradores. Tendré que explicarles, pues, que era costumbre entre el alumnado más rebelde robar los borradores de las clases vecinas, como si se tratase de un botín de guerra. La gracia no estaba en llevarse los borradores a casa, sino en encontrar escondites lo suficientemente buenos como para conservar el material sin riesgo a perderlo. De todas formas, el instituto proporcionaba borradores extra cada final de mes, puesto que era muy complicado que el guardián del borrador conservase el suyo todo un mes. Habían expediciones de saqueo al terminar las clases y los bárbaros exhibían sin pudor sus trofeos cuando caía la tarde en los campos de deporte.

Pues bien, en todo el curso en el que me fue encomendada la sacrosanta misión de guardar el borrador de mi clase no sólo no se me robó ninguno, sino que, sin necesidad de participar en las expediciones de mis compañeros, llegué al final del curso con nueve borradores en mi depósito secreto. Eso es lo más cerca que estuve de la gloria en toda mi época de estudiante.

Pero todo se fue a la mierda cuando el último día antes de que se acabara el curso, fui sorprendido en la contemplación de mi tesoro por una horda de salvajes que me dejaron sin un solo borrador, además de enharinarme y tirarme cuatro o cinco globos llenos de agua. Ese desagradable incidente, unido a las palizas recibidas todos y cada uno de los días del curso escolar al salir de clase (incluido ese último día), fue la gota que colmó el vaso.

Decidí que el mundo no se merecía seguir existiendo.

Al día siguiente, al salir del empleo de dependiente que me consiguió mi mamá en la Pajarería El Mirlo Feliz de mi tía Paquita (empleo que ya nunca abandoné), empecé a hurdir los planes para destruir el mundo.

viernes, 15 de junio de 2007

Un estudio del Profesor Sanahuja

Sí se puedeLas dicotiledóneas y las partículas subatómicas marginadas.
Una relación improbable pero existente.


Tal como en su día expuso el afamado fanerógamo Igor Montoya "el habichuela", del MIT (Massanassa Institute of Tontolhaba's ), en lo que constituyó el acta de creación de la física cuántica dicotiledónea, el guisante es una dicotiledónea. Cierto que no es la más famosa de ellas, ni se lleva la partida en cuanto a lo que viene siendo el peso fratulente. [Recordemos que el peso fratulente es la magnitud que mide el poder sonoro y fétido potencial de un gramo de dicotiledónea. Magnitud, pues, de extrema importancia en la disciplina que nos ocupa.]

El guisante es a la física cuántica dicotiledónea lo que el carbono a la química orgánica. Es el elemento en torno al cual gira toda la combinatoria que regula las reglas de la aceleración del peso fratulente (smell of shit, como le llamó el Profesor Tristranbrakrer de la prestigiosa Universidad de Wisconsin). Recientes estudios demuestran que el peso fratulente de la alubia blanca se multiplican por un factor de 3.20 cuando se combinan con el guisante en condiciones adecuadas de presión, temperatura y hambre.

Por otro lado, la física cuántica bastarda ha dado a la luz hace más bien poco un estudio que viene a rebentar las ideas preconcebidas por los jacobinos físicos cuánticos adocenados de toda la vida. Hay nuevas partículas subatómicas que no se avienen a convenciones sociales preadquiridas por la sociedad pequeño-burguesa que se supone que reina en lo que hasta ahora entendíamos como átomos y moléculas. Las partículas subatómicas también tienen su vida privada y les gusta gozar de su tiempo libre a su puta bola y sin tener que dar explicaciones a nadie.

La física cuántica bastarda ha demostrado que existen partículas subatómicas pequeñísimas que son las culpables de llevar a las hasta ahora conocidas (protones, neutrones, electrones, neutrinos, positrones, y toda esa peña) por la senda del mar vivir. Son lo que se conoce en lenguaje científico como "malas compañías". El profesor Van Atoppen de la holandesa Universidad de Coffeeshoppen ha identificado tres tipos de partículas atómicas marginadas: los pasones, los trotones y los galopones.

Los pasones serían las partículas subatómicas marginadas más lentas, pero las que disponen de mayor energía potencial en los bolsillos. Hay quien propuso llamarlas "conejitodeduracells", pero finalmente se descartó el término por no hacer publicidad. Se suelen llevar de parranda a los protones.

Los trotones son los intermedios. Suelen hacer buenas migas con los neutrones, a los que les da todo igual y se suelen combinar, en grupos de cinco, en pseudomoléculas conocidas como botellones.

Los galopones son los más rápidos y los más efímeros. Quizás por ello reciben el nombre alternativo de subpartículas punk. Los electrones tienen facilidad para ponerse hasta el tranchete con los galopones.

Empíricamente no se ha demostrado relación alguna entre las partículas subatómicas marginadas y el peso fratulente de las dicotiledóneas. Sin embargo, estudios teóricos realizados por el abajo firmante revelan que los ratios pasones / trotones / galopones presentes en las dicotiledóneas son constantes y, en particular, en el caso del guisante, consiguen crear un buen rollo entre las dicotiledóneas que se hallan en su compañía: una fiesta guapa que consigue multiplicar el peso fratulente de las combinaciones resultantes. He reunido un equipo de investigadores de reconocido prestigio que me ha de ayudar, en los próximos meses, a demostrar de manera empírica lo que he expuesto en esta introducción y desarrollado de manera teórica en los capítulos que siguen.

miércoles, 6 de junio de 2007

Patatas traigo, segunda temporada (episodio I)

El caso de 'Patatas traigo' había sido resuelto con limpieza. Con algo de suerte, es cierto, así lo admitía el propio Ximenes camino de un autohomenaje celebratorio. Pero también, con un mucho de trabajo: esas tardes viendo el Diario de Patricia junto a Sento el Gros habían sido realmente agotadoras. Pero, recórcholis, el caso estaba resuelto y eso era lo importante. El cheque del misterioso encargante cobrado y los honorarios del inspector Ximenes en su bolsillo. Y, sin embargo...

Sin embargo, había algo que no encajaba. La rápida resolución del caso merced a la súbita aparición del cuarentuno con cara de pan... Mmmm, Ximenes se sintió un poco como un pescado: había algo en todo aquello que le escamaba. Su nariz le decía que algo olía mal en Dinamarca... sería pescado podrido.

En cualquier caso, decidió apartar esos pensamientos de su mente. Y así lo hizo de un manotazo que se endilgó a sí mismo... Además, ya empezaba a anticipar el sabor de la docena de barrechats que se proponía plimplarse en la Bodega Fila (también conocida como El Labrador), de donde era licenciado en filalogía (de hecho, la cara de un joven y barbilampiño Ximenes aparecía en la orla que presidía el local).

Antes de llegar a la bodega se cruzó con Tartamundos Trotamudo, quien, sin detenerse, le apuntó 'Cuidado con los cordones'. Cuando Ximenes se agachó para atárselos vio que tenía una nota pegada a la suela de su zapato que decía 'Quedan cabos sueltos' y en el otro zapato otra nota 'Salva al tuno, salva al mundo'. Y una tercera nota pegada a la primera 'Cuidado con las dicotiledóneas'. "Mmmm... Inquietante", pensó Ximenes, pero no mucho porque de inmediato la imagen de la docena de barrechats de cazalla y mistela volvió a ocupar todo su cerebro.

Los Machancoses, poco después de volver de la miliEn otra parte de la ciudad, en concreto en Benimaclet, tres hermanos cincuentones, solterones y barrigudos sorbían combinados de Licor 43 con naranja desde el fondo de un café-pub. Desde ahí, pocos lo sabían, controlaban el mundo. Mariano W. Wilkinson entró en el café-pub y caminando lentamente se acercó hasta el rincón donde se encontraban los Hermanos Machancoses. Tras una humilde inclinación de cabeza por todo saludo, informó "Todo en orden. Se han tragado el anzuelo". Los Machancoses, en señal de aprobación, sorbieron al unísono una generosa dosis de Licor 43 con naranja, que libaban con pajitas. El menor de ellos, o sea, el de la izquierda, Sisebuto, hizo una seña al camarero, quien se acercó solícitamente, y le dijo: "Quiterio, sírvele un botellín de Cruzcampo aquí al muchacho". Wilkinson musitó un "Gracias" apenas audible.

jueves, 24 de mayo de 2007

Patatas traigo, la serie (episodio 9)

Óptimo Bruno lo suelta todo
Bien, yo... bueno, yo pensaba que todo el mundo sabía qué quería decir 'Patatas traigo'... En realidad, la expresión es '¿Dónde vas? ¡Patatas traigo!' Aunque hay quien dice 'Manzanas traigo' en lugar de 'Patatas traigo'. En fin, el caso es que... se suele decir cuando yo te hago una pregunta y tú me respondes algo que no tiene nada que ver. No sé, por ejemplo, te pregunto la hora y tú me respondes que los toros son a las cinco... Tengo un amigo que lo suele hacer mucho... ¿Me he explicado?

¿El origen de la expresión? Bueno, la verdad es que sé mucho sobre el tema, aunque me esté mal presumir... Como sabéis soy cuarentuno. Lo cierto es que debería haber sido el que tocaba la pandereta por mi arrojo, por mi saber estar en el escenario, por mi arte, por mi salero y por mi gracia que no se pué aguantar... pero, ay, la envidia, ¡qué mala es la envidia! El caso es que, por culpa de la envidia, quiso la mala fortuna que me quedara como bandurria en segunda línea de parrilla... Y de resultas de ello mi carrera se estancó. Sí, el truco del mechero que salía del culo tenía su público, pero al final la gente se cansaba y las chavalas se iban con el de la pandereta. Total, que al final, viendo que mi arte no era apreciado, renuncié a mi sueño y decidí aceptar un empleo de dependiente en la Condonería Pepa.

No os creeríais la de anécdotas que os podría contar con la mitad de las cosas que me han ocurrido tras aquel mostrador... Pero supongo que ahora sólo os interesa aquella en la que un tipo que se decía poseedor de un miembro XXXL vino con una chorba a presumir de compras estrambóticas. Ella pasó al minuto de él, y aprovechó que él estaba en los probadores con un extraño adminículo en salvan sean las partes para huir... Me estoy yendo por las ramas. La cuestión es que ella olvidó un comic de Pedro Pico y Pico Vena titulado precisamente '¿Dónde vas? ¡Patatas traigo'. Me enamoré de la chavala, aunque nunca la volví a ver, así que hice del 'Patatas traigo' un lema. Recorrí los cuatro (¿eh? ¿que son cinco?)... recorrí los cinco continentes buscándola e investigando el origen de 'Patatas traigo'. Incluso llegué a concertar una cita con el famoso origenólogo Lisensiado Vanaclocha, cita que por culpa de una inoportuna apendicitis me vi obligado a cancelar. Mis viajes me llevaron desde Uzbekistán hasta la Atalaya del Cañavate, desde Matalascañas hasta las Filipinas, y todo ello a dedo... En fin, cuando estaba cansado y a punto de arrojar la toalla... me encontré con Ciriaco el Gandul (viejo compañero de escuela, también de Sahuquillo) y él me reveló la verdad... Hace apenas unos días y aquí al lado, en la Malvarrosa. La verdad estaba aquí al lado, ¡qué hermosa paradoja!

Me contó Ciriaco que hace muchos años, en un pueblo del interior de Castellón vivía un hortelano al que todo el mundo temía, pero también respetaba. El labrador, que creo que se llamaba, Eustaquio pillaba unas trompas que eran un primor. Habitualmente bajaba al mercado del pueblo los sábados por la mañana, conduciendo un carro lleno de patatas que vendía sin problemas, dada la calidad reconocida de sus hortalizas. Todo el mundo sabía que Eustaquio llegaba porque siempre que entraba a las primeras calles del pueblo gritaba 'Patatas traigo'. Para celebrar sus buenas ventas, Eustaquio se emborrachaba y cuando lo hacía, se convertía en el más insoportable de los beodos, de tal guisa que si no le dabas la razón no había manera de librarse de él. Con los años, Eustaquio bebía tanto y tan seguido que se pasaba todo el día borracho, de modo que ya no podía cultivar aquellas patatas tan ricas que otrora le habían hecho famoso en toda la comarca. Pero él seguía empeñado en vender patatas, así que cualquiera que le preguntaba cualquier cosa obtenía siempre la misma anacrónica respuesta 'Patatas traigo'. Y así fue como la gente empezó a preguntarle '¿Adónde vas?' sólo para reirse del viejo Eustaquio cuando este respondía 'Patatas traigo'. Y la expresión se extendió por la comarca, por la provincia y por el país, para designar eso: una respuesta que no tiene nada que ver con lo que se pregunta.

jueves, 10 de mayo de 2007

Patatas traigo, la serie (episodio 8)

(En anteriores entregas vimos como el santón Sahuquillo se topaba de bruces-prinstin con el cuarentuno Óptimo Bruno, a.k.a. Gordopilo, quien parecía conocer el significado de 'Patatas traigo')

Cuando Sahuquillo llegó al despacho, sorprendió al inspector Ximenes con una mano en un bolsillo y otra sosteniendo una revista con muchas fotos color carne. Le subieron los colores y estuvo en un tris de soltarle una colleja al ex-becario, por entrar sin llamar. Pero no se atrevió porque Sahuquillo era ahora un tipo con mucho carisma. Por eso y porque venía acompañado.

- ¿Qué maneras son esas de entrar en el despacho? ¿Es que no te han enseñado modales?
- No tengo tiempo para menudencias. ¿Dónde está mosén Sento? Tengo algo que creo que nos puede sacar del atolladero en el que nos hallamos inmersos.
- ¡Coño, qué bien habla este becario! -admitió para sus adentros Ximenes.- Sento se ha ido a ver el Diario de Patricia, dijo que si había alguna novedad fuéramos a su casa.
- ¡Noooooo! -fue el primer sonido que emitió la garganta de Óptimo Bruno.
De nada le sirvieron las protestas, pataletas y balbuceos a nuestro cuarentuno, pues en un periquete Sahuquillo, poseído por una fuerza sobrehumana que los malpensados atribuirán al dopping y flanqueado por la triste sombra de lo que una vez fue el inspector Ximenes, le había conducido al umbral de la vivienda de Sento el Gros. Los sonidos provenientes del interior (la chillona voz de Patricia a un volumen insoportable) provocaron un notable incremento en los niveles de histeria de Óptimo Bruno. Nada más cruzar la puerta, Sahuquillo anunció en un tono de voz como de ultratumba que : "Mosén Sento. Ya lo tenemos."

Sento el Gros no daba crédito, como los bancos.Sento el Gros, boquiabierto y sin entender ni pío, abrió la jaula del canario a ver si este le explicaba algo de lo que allí estaba ocurriendo, pero el canario estaba muy atento a la tele e hizo un claro gesto de "Déjame en paz", que Sento supo interpretar.

- ¡Explícate, Sahuquillo!
- Este individuo conoce el significado y origen de la expresión 'Patatas traigo' -anunció con solemnidad Sahuquillo.
Lo cual provocó una exclamación decimonónica ("¡Que me aspen!") y una inyección de energía en el últimamente poco vigoroso inspector Ximenes, que tomó el mando de la situación y en menos que canta un gallo le quitó las alpargatas y los calcetines blancos de tergal a Óptimo Bruno y comenzó a hacerle cosquillas en la planta de los pies con una pluma de ganso.

- ¡Vamos! ¡Canta!
Y nuestro cuarentuno se arrancó con un "Clavelitos" bien temperado, que produjo estupefacción en el redivivo Ximenes y asentimiento aprobatorio en Sahuquillo. Una vez hubo concluido su número musical, con buenas críticas por parte de Sento el Gros ("Muy bien. Aunque sin bandurria la versión pierde fuerza escénica."), se le amenazó con una sesión continua de El Diario de Patricia y entonces... entonces Óptimo Bruno lo soltó todo. Y cuando digo todo, quiero decir TODO: [CUIDADÍN: escatologia gratuita sin puta gracia] vómitos de comida semidigerida, sudor avinagrado, orines reveníos, mucosidades de diferentes texturas y sabores, uñas encarnadas, saliva sanguinolenta, pelotillas de ombligo, y (con perdón) MIERDA... [FIN DEL CUIDADÍN, ahora viene un poco de humor fino para compensar] incluso un mechero que había dejado olvidado en su ano. Ah, y también contó el significado y origen de la expresión 'Patatas traigo'.

Pero para conocerlo tendrán que esperar la próxima entrega de esta, su serie favorita de la blogocosa (no lo nieguen).

miércoles, 25 de abril de 2007

Patatas traigo, la serie (episodio 7)

Sento el Gros y el Inspector Ximenes se hallaban en un callejón sin salida. Todos sus informadores, o se habían esfumado o desconocían por completo ora el significado de la expresión 'patatas traigo' ora su origen. Cualquier observador espabilado (con el BUP terminado, vamos) se hubiera dado cuenta de que uniendo ambas informaciones se hubiera podido urdir un informe resultón que poder intercambiar por el jugoso cheque del encargante misterioso.

Sahuquillo el IluminadoPor su parte, Sahuquillo el Iluminado estaba atravesando una época mística bastante acentuada (véase la tilde que adorna la e o la situada sobre la i para constatarlo). Miraba las nubes y veía señales, miraba los charcos y veía señales, miraba los arcenes y ¡veía señales! Lo malo es que no sabía interpretar ninguna de esas señales, con lo que a efectos prácticos su vida de santón de poco servía.

Hasta que un día, interpretó adecuadamente un charco en la calle. Vio claramente como si lo pisaba se mojaría los calcetines así que dio un rodeo al charco y de esa manera fue como se encontró de bruces con un ex-compañero de EGB al que todo el mundo conocía entonces como "Gordopilo". Sahuquillo se alegró de corazón y abrió sus brazos en busca de un abrazo. Pero Óptimo Bruno, que no era otro el recién hallado, sintióse asustado por la túnica naranja que vestía el ex-becario. No les será fácil, amigos lectores, encontrar otro párrafo en la cosmogonia de lo escrito donde la partícula "ex-" aparezca de manera múltiple.
- ¡Gordopilo! ¡Qué alegría! Que el señor de la iglesia ministerial de dios internacional de jesucristo de aquí al lado bendiga cada rincón de tu hogar si lo tuvieres. ¿Adónde vas, mangurrián?
- ¡Patatas traigo! ¿Tú quién eres?
Sahuquillo quedó anonadado por la respuesta de Gordopilo.

Sin dar opciones a protestar a Óptimo Bruno, lo inmovilizó y lo llevó a rastras al despacho de Sento el Gros donde este, en compañía de un Ximenes sin afeitar, se disponía a dar buena cuenta de un paquete de kilo de papas Vicente Vidal, bien regadas con un pack de seis cervezas de cerveza de oferta del Carrefour.

martes, 10 de abril de 2007

Patatas traigo, la serie (episodio 6)

(En anteriores entregas, Sento el Gros, ayudado del becario Sahuquillo recibe el encargo de investigar el origen de la expresión 'patatas traigo'. En el decurso de la investigación se entrevistan con Tartamundos Trotamudo, que les ayuda a encontrar al inspector Ximenes, que había desertado semanas atrás. Por otro lado, se está liando la gorda porque el supermalo Mariano W. Wilkinson, conoce al Profesor Sanahuja y recluta al sicario Ciriaco el Gandul con aviesas intenciones. Un mensaje confuso dice no sé qué de un tuno...
...
Pero lo mejor será que leáis las anteriores entregas
aquí).


El de la flecha es Optimo BrunoÓptimo Bruno era un cuarentuno nada oportuno. Tocaba la bandurria no sin cierta habilidad, lo cual no quiere decir que la tocara con habilidad. Los sábados por la noche los pasaba en restaurantes y salones de bodas, bautizos y comuniones, mendigando unas monedas al tiempo que trataba de ligar con muchachas veinte años más jóvenes que él. Óptimo era buen chaval, de todas formas, e incluso, desde el mostrador donde ejercía de dependiente de la Condonería Pepa las largas tardes de invierno, fantaseaba con echarse la manta al monte (sic) y hacerse perroflauta.
"Total, con ponerme unas rastas postizas donde ahora tengo la calva, descuidar la higiene en mis sobacos, escribir algún mensaje contestatario... es decir, kontestatario en mi camiseta, adoptar un perro callejero y cambiar la bandurria por una flauta, ya tendría casi todo el trabajo hecho".


Su principal habilidad consistía en que podía ocultar un mechero en su ano sudoroso. Podía mantenerlo escondido allí horas y horas. La culminación de este truco, que a algunos, no sin su parte de razón, les parecerá repugnante, llegaba cuando tras la vigésimo séptima interpretación de "Clavelitos", Óptimo se bajaba los pantalones (o mallas o lo que sea que lleven los tunos modernos, valga el oxímoron), ponía el culo en pompa y lanzaba el encendedor a cinco metros de distancia ante la sorpresa de la boquiabierta audiencia... (boquiabierta para desgracia de una joven que cierta vez vio como el mechero se dirigía a... pero eso es otra historia y será contada a su debido momento).

En un mundo perfecto, este truco debería haber servido para que los de la Tuna de Agrícolas le dejaran tocar la pandereta a Óptimo... (Es bien sabido por la gente que sabe de esto -que alguna habrá- que el que toca la pandereta es el líder de la tuna, el que más liga y el que se queda con las monedas más gordas). Pero, ay amigos, ocioso es decirlo, la envidia es un pecado capital no sólo en Madrid, sino también en la sacrosanta institución de la Tuna... que digo yo, alguien le habrá pedido su opinión a los atunes sobre esto... esta cuestión, que no es moco de pavo, la dejamos para el próximo diálogo de besugos...
Decíamos de la envidia y de que, claro, llegó el guaperas de turno y, como Óptimo tampoco era ningún adonís, pues nuestro héroe (aún no lo saben ustedes pero este también va para héroe) se vio abocado a la segunda línea de la parrilla de salida para desesperación del calvo de Tele5. Una buena razón para no comerse un torrao y, por ende, una buena excusa para que un odio desaforado -no exento de cierta inquina- hacia la humanidad fuese germinando en el corazón de este pobre poeta maldito.

Otra importante habilidad que adornaba a nuestro hombre (un hombretón ya, de cuarenta y siete años, que se negaba a abandonar el hogar materno, aduciendo que nadie hacía la paella como su madre, razón de peso, no me lo negarán) era que tenía los conocimientos teóricos necesarios para anular, mediante un astuto sistema de ondas de frecuencia inversa, los pedos de los demás individuos. Este mecanismo, que Óptimo había bautizado como contrapedo, todavía no había revelado utilidad práctica alguna, pero porque nadie había tenido los redaños (cojones, para los menos leídos) suficientes para llevarlo a la práctica... Pero todo se andaría...

Ah, y Óptimo Bruno sabía lo que significaba "Patatas traigo" y además había cursado EGB con Sahuquillo y con Ciriaco el Gandul (miren que manera más ingeniosa de empezar a cerrar el círculo)...

miércoles, 4 de abril de 2007

Patatas traigo (episodio 5)

(En episodios anteriores -el uno, el dos, el tres y el cuatro-, Sento el Gros inicia la investigación del origen de la expresión 'patatas traigo', ayudado de su fiel escudero, el becario Sahuquillo. Sus pesquisas no le llevan a ningún sitio. Pero se reconcilia con su antiguo ayudante, el inspector Ximenes, pelillos a la mar. Los tres tienen una misión. Ah, y Sahuquillo sufre una transformación y deja de ser un pardillo).

En otro lugar de la galaxia, concretamente en la Malvarrosa, Mariano W. Wilkinson, supermalo vocacional a tiempo parcial, pergeñaba la manera más rápida y cómoda de destruir el mundo.

Lo primero que se le ocurrió fue montar una secta, pero como la población era demasiado inteligente (como demuestra el alto número de visitas que recibe Infulas) como para caer en tan tonta trampa, se vio propelido a elaborar otro plan.

Por las tardes, cuando libraba de su curro en la pajarería propiedad de su tía, dábase paseos por la marina del America's Cup pensando en armas de destrucción masiva y menudencias en sopa de esa calaña. Bien pensado, pones un petardo en una de las columnas de cualquier edificio de Calatrava (el más feo) y aquello se viene abajo. Un malo lo tiene fácil... ¡y una mierda! Pues no las pasó putas Mariano W. Wilkinson (de padre mormón y poco dado al afeitado) para lograr un plan viable de destrucción mundial, global, es más, universal de lo que viene siendo el mundo tal como lo conocemos...

Fue crucial que, durante una de sus cenas en La Utielana (mítica casa de comidas que en estos días celebra sus bodas de oro), pusieran en la mesa de al lado del Profesor Mauricio Sanahuja, uno de los más reputados especialistas mundiales en dicotiledóneas. El profesor, pelo lacio y gris, escasa mandíbula inferior, gafas en la punta de la nariz, trituraba sistemáticamente, las patatas y verdura que componían el hervido en que consistía su cenae cada noche.

"Sí se puede", respondíó lacónicamente después de tragar el último grelo, cuando Mariano, una hora después, tragado su chupito de orujo de hierbas, le preguntó si se podía destruir el mundo a base de dicotiledóneas. El primer ladrillo del edificio aluminoso estaba puesto.

(No os preocupéis que, llegado el caso ya haremos un flashback para explicar de donde viene la maldad de Mariano W. Wilkinson)

Sólo le faltaba a Mariano un sicario a la altura de su ambicioso plan. No lo encontró, pero encontró un subordinado disciplinado y a la anchura requerida. Ciriaco el Gandul resoplaba y retragaga sus mocos cuando dormitaba sentado en el sillón de orejas desde el que controlaba la entrada a la dependencia municipal en la que hacia de bedel. Así fue como le conoció Mariano y supo que ese devorador de bocadillos de chope era la pieza del puzzle de 3 a 5 años que le faltaba. Él tardaría menos en completarlo.

Las patatas las trajo Colón cuando vino de América después de descubrirla (no antes). No te digo nada y te lo digo todo.

Sento el Gros se rasca la barriga y no sospecha que el becario Sahuquillo es el personaje clave para salvar al tuno, es decir, salvar el mundo.

viernes, 23 de marzo de 2007

El origen de la expresión: patatas traigo (iv)

(Esto se está convirtiendo en un culebrón, ¿no? Bueno, si queréis, podéis leer las entregas previas: el encargo del caso, la entrevista con Tartamundos Trotamudo y Sento el Gros se devana los sesos. Pero si eres un vago estajanovista, te contaré que Sento el Gros, al que le dejó tirado su hombre de confianza, el inspector Ximenes, investiga el origen de la expresión 'patatas traigo' al tiempo que se ve inmerso en una exploración de su vida interior. Pizca más o menos.)

La portera: le ofreces un minuto de gloria y lo desaprovecha por culpa de su timidezSento el Gros había pasado gran parte de la mañana rebuscando entre sus polvorientos archivos para encontrar la dirección de Ximenes. Al final la encontró en una papelera que no vaciaba desde hacía tres años. Junto a su fiel escudero, el becario Sahuquillo, emprendió el duro camino hacia la morada de Ximenes con un plan a medio trazar bajo un brazo y un bocadillo de chorizo bajo el otro. Ximenes vivía a tan sólo tres manzanas de su domicilio, pero Sento el Gros tenía que cuidar su reputación, así que cogió el tranvía e hizo que Sahuquillo le siguiera a la carrera por el carril bus.

Una ajada portera de cabello gris y gris atuendo barría con desgana el portal.
- ¿Vive aquí Pedro Ximenes?
- No, hoy no.
- ¿Cómo que hoy no?
- No, el señor Ximenes vive aquí de lunes a viernes. El que vive los sábados y domingos es el Lisensiado Vanaclocha.


"Ajajá", se dijo Sento. Todo empezaba a encajar como un inmenso puzzle sideral. Una bombilla se encendió encima de la calva de Sento el Gros. Pero, inmediatamente, le cayó una maceta, que rompió la bombilla y se hizo añicos contra la cabezota de Sento. Poco después unos pajarillos que por allí estaban se pusieron a dar vueltas alrededor del cráneo de nuestro héroe.

El becario Sahuquillo, alarmado por el accidente que acababa de sufrir su jefe, se apresuró a hacerle el boca a boca, que resultó milagroso, pues Sento se incorporó de inmediato, lanzando escupitajos, sapos y culebras por su boca. "¡Pero qué haces, insensato!"

"Yo...", comenzó Sahuquillo, pero su jefe le cayó la boca (al suelo, claro) de un certero sopapo. Entró en el portal mientras la portera, impresionada, le informaba: "Es el tercero".

El inspector Ximenes no esperaba visita. Abrió la puerta, con la guardia baja, con camiseta estilo imperio, barba de diez días y legañas fosilizadas en los ojos. ¡Quién te ha visto y quién te ve, inspector Ximenes! Un puñetazo en el ojo fue el buenos días que Sento el Gros le dedicó.

The Matrix: me han dicho que ponga más fotos"Traidor, así que tú eras el Lisensiado Vanaclocha. A saber la de cosas que te habrás inventado, la de dinero que me habrás sacado..." A todo esto, tenía lugar una terrible pelea, al estilo de las luchas de Matrix pero sin necesidad de ralentizar las imágenes, y es que ninguno de nuestros protagonistas estaban demasiado en forma. Al cabo de un par de minutos, ambos tosían con el espinazo doblado y a punto de echar los higadillos.

Hiro Nakamura: la rebelión del héroe modestoEntonces Sahuquillo habló. Fue como cuando Hiro Nakamura encuentra la espada... una especie de rito iniciático. Sahuquillo habló y dijo: "No os peléeis. Tenemos un caso por resolver". Y tanto Sento como Ximenes escucharon boquiabiertos y vieron que Sahuquillo tenía razón. Incluso les pareció ver una palomica sobrevolando la chola del ex-becario.

viernes, 16 de marzo de 2007

El origen de la expresión: patatas traigo (III)

(En anteriores entregas vimos como Sento el Gros, abandonado a su suerte por el Inspector Ximenes, recibía el encargo de investigar el origen de la expresión 'Patatas traigo'. La primera diligencia, consistente en enviar al becario Sahuquillo a la biblioteca para conseguir documentación había fracasado, porque Ximenes se había llevado el libro del Lisensiado Vanaclocha, el vademecum de las expresiones. Al día siguiente, Sento el Gros se reunió con Tartamundos Trotamudo y, después de dar cuenta de un señor aperitivo, le hizo un par de revelaciones... digamos crípticas)

Aunque lo mejor será que visites esta página y esta otra y te pongas al día como mandan las ensaladas estándar.


Sento el Gros se devanaba los sesos al tiempo que se hurgaba la nariz con el dedo índice de la mano derecha, bebía una cerveza que sostenía con esa misma mano y con la izquierda hacía zapping hasta llegar a "Sé lo que hicisteis la última semana". Para que luego digan que los hombres no pueden hacer más de una cosa al mismo tiempo.

Mientras volvían de Casa Montaña, se le había escapado en voz alta "Mira en tu interior" y el bobalicón de Sahuquillo le había respondido "¿En los bolsillos?". La intromisión le había costado un revés al becario, pero aquello le había hecho pensar a Sento, horas después.

Se miró en el bolsillo del pantalón y entre migas de pan, chicles viejos, condones caducados e invitaciones a chupitos, encontró algo interesante. Era una hoja de gastos de Ximenes que nunca le llegó a pagar. Pensó que aquello quizás había sido la causa de la dimisión del inspector. Recordó una discusión con Ximenes en la que este había acabado gritando "Eres un rata" antes de salir con un portazo de su despacho. Un tren de luces y sombras desfiló en su memoria con todas las escenas de su vida en las que le habían reprochado su tacañería. Mira en tu interior. Así que eso era lo que trataba de decirle Tartamundos.

Quizás aún estuviera a tiempo de recuperar a Ximenes, si le convencía de que le pagaría todos los atrasos y gastos pendientes. Al día siguiente iría a casa de Ximenes y trataría de hablar con él.

- Sahuquillo, te quiero mañana a las once abajo en la puerta. Ahora puedes terminar el masaje de pies e irte a tu casa.

Aunque, ahora que lo pienso, qué tiene todo esto que ver con el Lisensiado Vanaclocha. ¿Y con 'patatas traigo'?

lunes, 5 de marzo de 2007

El origen de la expresión: patatas traigo (II)

¿Qué os creíais? ¿Que nunca iba a aparecer la continuación de este fantabuloso caso de Sento el Gros? ¡Ay, lectores de poca fé! Aquí está la esperada segunda parte de El origen de la expresión: patatas traigo (I)

Al día siguiente el becario Sahuquillo, muy contento y con zapatos nuevos, estaba esperándole en la puerta del Casa Montaña, establecimiento decano en el muy noble arte de servir aperitivos, aunque últimamente se den ínfulas.

- ¿Has traído la libreta y el lapicero para apuntarlo todo?
- Sí, sidi Sento -replicó exhibiendo una sonrisa amarilla y picada de caries, al tiempo que sacaba los instrumentos de escritura del bolsillo de de su rijosa cazadora impermeable azul marino.
En el interior de Casa Montaña, el Subteniente Calzadilla, pelirrojo ex-militar, pontificaba comme d'habitud acerca del venidero fin del mundo y el despiece de las sardinas.

Sento el Gros, como parroquiano habitual, saludó con la mano al solícito Gervasio, que atendía en la barra, al tiempo que hacía la comanda mientras se instalaba en una de las banquetas que había junto a los toneles que rodeaban el local: Una botella de vermú casero bien fresquita, una de boquerones en vinagre con olivas, una de bravas, una de habas y una de cacaos... ah, y para el niño una cocacola.

- ¿A quién esperamos, jefe? -interrogó Sahuquillo mientras sorbía su cocacola por una paja, directamente de la botella.

Esto es un 'Oh, es él' como una casaSento el Gros no contestó, pero justo en ese momento entraba el mismísimo Tartamundos Trotamudo por la puerta del local, repartiendo saludos, sonrisas, lisonjas y parabienes por doquier. Poco después se acomodaba junto a Sento el Gros. Tartamundos habló de nimiedades durante un buen rato, todas ellas concienzudamente anotadas por el becario Sahuquillo, hasta que Sento el Gros, harto de que su invitado trasegara vermú y viandas sin mesura, le interpeló:

- Bueno, ¿qué hay de lo mío? ¿Qué me puedes contar de "Patatas traigo"?
- Poca cosa, no te creas... Bueno, en realidad, dos cosas: ...
Sahuquillo rompió la mina de su lapicero justo en ese momento.

- a) Mira en tu interior... y b) Lisensiado Vanaclocha es un seudónimo.
- ¿Ein?
- Lo que oyes... bueno, eso y que en el Tomate últimamente hay demasiados Orlandos... pero ese es un chiste malo gratuito que te ofrezco en señal de agradecimiento por este magno aperitivo del que acabo de dar cuenta. Buenas tardes - dijo, pues era la una y media en ese momento, y saludando a la concurrencia atravesó el umbral del establecimiento dejando muy poca paz en la mente confusa de Sento el Gros.
- Cóbrate -exhortó a Gervasio de muy malas pulgas, pues era, sábese, un redomado tacaño.

Mira en tu interior. Qué chorrada es esa... No sé, pero sale en todas las películas americanas. Por cierto, ¿qué ponen hoy por la tele?

(to be continued...)

martes, 20 de febrero de 2007

El origen de la expresión: patatas traigo (I)

Bring on the dancing potatoes (o el indispensable aporte de hidratos de carbono que gusta comer a los niños) Sento el Gros se hallaba en un brete. Su detective de cabecera (el Inspector Ximenes) se había despedido justo el día anterior, sin dar razón ni excusa. No podía confiar en el becario Sahuquillo, que aún estaba muy verde. Y esa misma tarde, un tipo de Seur le acababa de traer un paquete. Era un caso. Alguien que deseaba permanecer en el economato le encargaba conocer "el significado y el origen de la expresión 'Patatas traigo'". Había un jugoso cheque esperándole si desvelaba el misterio.

- Sahuquillo, ven pacá.
- Dígame, mosén Sento.
- No me jodas con los tratamientos... Te vas a pasar por la horchatería Tío Pepe y me traes un litro de horchata mixta y una docena de fartons...
- ¿No prefiere unos muakis?
- ¡Qué muakis ni qué niño muerto! Tráeme esa docena de fartons... y luego te pasas por la Biblioteca Pública del Cabanyal y me traes el grueso volumen intitulado "Expresiones de aquí, allá y acullá", escrito por el Lisensiado Vanaclocha.
- Pero... mi teniente Sento... mi carnet de la biblioteca está caducado.
- Tú di que vas de mi parte, y no me rechistes...

Cuando Sahuquillo abandonó el despacho, Sento manipuló el mando a distancia para sintonizar el Diario de Patricia, donde en esos momentos se trataba el caso de una madre que no quería a su hija porque era muy fea y la había dado en adopción a las monjas, y veinte años después a la muchacha le había tocado la lotería primitiva y la madre decía que pelillos a la mar, que el rencor era energía malgastada. Justo entonces llegó Sahuquillo, con las manos vacías. Es decir, traía la horchata y los fartons que constituirían la merienda de Sento, pero de grueso volumen nada.


- Me ha dicho la bibliotecaria que usted aún tiene en préstamo ciertos librillos del Marqués de Sade y que hasta que no los devuelva no se le presta más... Eso y que el Inspector Ximenes se llevó ayer el grueso volumen que usted solicitaba.
- ¡Maldición! -una interjección muy ad hoc, no me lo negarán. Engullió con gula los fartons mojados en horchata y cuando se limpió con las mangas de la camisa los chorretones de horchata que le caían por las comisuras de los labios, pensó que algo debía hacer.
Así que pensé en mandar a Sahuquillo a su casa y pedirle que al día siguiente, muy temprano, a eso de las doce y media se reuniera conmigo en la bodega Casa Montaña, donde, después de tomar el vermú, tendríamos una charla con un informador mu bueno que conocía yo de mis tiempos mozos.

¿Qué diantres querría decir 'Patatas traigo'?

(Continuará... por supuesto, no podemos dejar la cosa así)