jueves, 22 de junio de 2006

El origen de la expresión estar en la pomada

Cuenta la leyenda que hace siglos, en Bretaña los soldados partían a la batalla numerados. Cada guerrero exhibía un pendón con un determinado número de manzanas. Pero claro, no había pendones para todos. Por eso algunos soldados (llamados despendolaos) se tenían que ir a los lupanares del puerto... pero eso es otra historia que será contada en su debido momento.

El tema es que, dependiendo de la riqueza del condado que enviaba sus caballeros a la batalla, se solían conceder entre cuatro y seis pendones. La concesión de los pendones obedecía a los méritos obtenidos en la anterior campaña, de modo que el guerrero que hubiera regresado con mayor número de muescas (víctimas) en su haber
tenía derecho al pendón con una manzana. Y así sucesivamente. Los cuatro primeros caballeros jugaban la Champions y el quinto y el sexto jugaban la UEFA.

Pero no sólo eso: además, los guerreros mejor clasificados gozaban de una serie de ventajas. Podían seleccionar, por ejemplo, a las doncellas que más les gustaban, para retozar con ellas (por eso los despendolaos se iban de putas).

Y, en concreto, también disfrutaban de la ventaja que más nos interesa para lo que hoy queremos contar. Llegados tiempos de escasez, entre otras muchas cosas empezó a faltar el ungüento con que se curaban las heridas de los guerreros a su vuelta del combate, de modo que se decidió usar la clasificación de la pomada para ver quién tenía derecho a que sus heridas fueran curadas con el escaso ungüento.

De este modo, se generalizó primero la expresión estar en el ungüento, que, posteriormente, cuando el grupo de pendonados con manzana pasó a ser conocido como la pomada, quedó como estar en la pomada, como sinónimo de estar en el grupo de los primeros clasificados.

Hoy en día pomada ha sido adoptada como sinónimo de crema, potingue, bálsamo, vaselina... lo cual puede dar lugar a malintencionadas interpretaciones de esta frase hecha, que no vamos a caer en la tentación de comentar.