martes, 31 de enero de 2023

El idiota, la luna, el dedo, el sabio

 Hay un proverbio oriental (esto es un pleonasmo, todos los proverbios son orientales) que dice que "cuando el sabio señala la luna, el idiota mira el dedo".

Al idiota nadie le ha explicado que el dedo sirve para señalar pero no tiene entidad por sí mismo. Es decir, no merece ser mirado, según los sabios. De todas formas, si el sabio usara su otro dedo índice (que sirve para indicar o para hacer glosarios de los capítulos de un escrito) para señalarse al índice al que quiere referirse, tendríamos todos un serio problema a la hora de identificar qué cojones quiere decir el sabio.

Los sabios están sobrevalorados y los idiotas infravalorados. Los idiotas pueden señalar a las cosas de las que quieren hablar con la mirada o con un leve giro de la barbilla.

En realidad, hablar de algo está sobrevalorado. La luna está sobrevalorada. Hay demasiadas opiniones, literatura, ciencia y leyendas sobre la luna. 

Al final no es más que un trozo de queso suspendido en el cielo.

Los dedos, en cambio, tienen mucha mayor utilidad. Y no se habla tanto de ellos como merecen.

Otro día hablaremos de la jerarquía y la reputación de los diferentes dedos de una mano y, por qué no, de un pie. O de ambos.

domingo, 29 de mayo de 2022

Memo: passwordle

La idea: dar una oportunidad a los hackers.
El concepto: el juego siempre vale la pena.
El trasfondo: todo riesgo tiene su precio.
La implementación: varias oportunidades para acertar la contraseña de acceso a determinado recurso; se nos indica, con código de colores, los caracteres acertados en posición y los caracteres que aparecen en la contraseña pero no en la posición correcta; si no acertamos la contraseña en el número estipulado de intentos el recurso se destruye.

lunes, 9 de mayo de 2022

El magistrado despistado

Como siempre, el magistrado fue muy disciplinado al exponer al testigo al cuestionario incluido en las diligencias previas.
Una vez concluido el interrogatorio, el juez se despidió, como solía, hasta el día de la celebración del juicio:
- Hasta la vista.
Sólo al levantar la cabeza diose cuenta de lo inadecuado de la fórmula al reparar en la evidente invidencia del testigo.

viernes, 8 de octubre de 2021

La doble vida de P.

La vida de P. era complicada pero podía lidiar con ella.

P. era marinero y agente doble.

Todo se fue al garete cuando le enviaron a una misión encubierta en cubierta.

jueves, 10 de septiembre de 2020

martes, 14 de abril de 2020

Caritas

Caritas en realidad no era una ONG vagamente relacionada con la Iglesia.

En realidad, era un emoticono que nació con la peor de las características con las que puede nacer un emoticono: la neutralidad.

No expresaba nada.

No es que no expresara "LA NADA", sino que directamente no expresaba nada. Era un emoticono que lo mismo servía para un roto que para un descosío, lo mismo para un toro que para un torero, lo mismo para un botón que para un ojal, lo mismo para una boca que para un ojete... Era tan versátil que era completamente inútil.

Pasó por la escuela de la vida de los emoticonos sin pena ni gloria, sin triunfos ni fracasos, sin alegrías ni tristezas, sin guerra ni paz...

Cuando le tocó salir a lidiar en los cajones de emoticonos de los teléfonos móviles de las personas, quedó relegado al fondo del armario, como ese calcetín desemparejado que nunca te pones porque no sirve de nada. A nadie, de momento y hasta que se ponga de moda porque algún futbolista despistado decide salir así vestido a una rueda de prensa multitudinaria, se le ocurre salir vestido con un solo calcetín. Nadie decide poner un mensaje con un emoticono que no sirve para expresar nada.

Así que, aunque Caritas no era un emoticono feliz ni desgraciado, su vida sí que lo era. Sobre todo, por falta de uso.

Hasta que un día vio un cartel de una película protagonizada por Nicholas Cage. Y se dijo "Esta es la mía".

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Regalo de Navidad

Había un barrio donde algunas sábanas tenían muy mala fama. Se trataba de las sábanas barriobajeras. 

sábado, 16 de febrero de 2019

Un juego, otro

Propongo al lector aburrido el siguiente juego.
Salga a la calle contando los pasos desde la puerta de su apartamento al portal exterior. Si el número de pasos es impar gire a la izquierda, si es par hágalo a la derecha.

Camine contando mentalmente el número de personas con  las que se cruza. Cuando alcance la primera esquina, si el contador refleja un número impar gire a la izquierda, si es par hágalo a la derecha.

Continúe así hasta llegar a un lugar en el que nunca haya estado.

Localice una cabina telefónica (esta es quizás la parte más difícil del juego) y llame a un teléfono al azar. Gimiendo, indique que se ha perdido y suplique que, por favor, pase alguien a recogerle.

(Juego basado en la lectura de "Invitación al tiempo explosivo. Manual de juegos", de Julián Lacalle y Julio Monteverde. Editado por Sexto Piso.)

Sentado al sol #4

Resultado de imagen de choca esos cinco
Como cuando conoció a la persona que conocía a un individuo que una vez se cruzó por la calle con otro tipo que resultó ser muy amigo de otro sujeto que había asistido a unas clases impartidas por alguien que, además de ser profesor, tocaba la batería en un grupo con otro fulano que cantaba y bailaba en un programa de televisión presentado por otro tío que una vez cenó con un personaje tremendamente famoso del que él mismo era un gran admirador. La frase salió sola: "El mundo es un pañuelo".

sábado, 26 de enero de 2019

Sentado al sol #3

O cuando conoció a la persona que se inventó la expresión "no hay más tutía", la cual, fue dotada por la naturaleza de un instinto maternal calculable en cero, con una vasta colección de hermanas, todas ellas muy fértiles y con unos morro tan grande y largo que rozaba la punta de sus zapatos, además de una tendencia a solicitar con demasiada frecuencia los servicios de aupair a la hermana soltera. Todo iba bien hasta que se hartó de los sobrinos y se largó a una isla desierta al Caribe.

sábado, 19 de enero de 2019

Sentado al sol #2

Como aquella vez que, creyéndose enamorado de una compañera de clase con la que había intercambiado unas pocas miradas y dos o tres sonrisas, caminó con determinación prusiana hacia el barrio donde vivía la chica con la intención de hacerse el encontradizo y declararle su amor. Pero aquel día el sol lucía en todo su esplendor y las gafas oscuras eran preceptivas, razón por la cual, cuando coincidió en la acera con el objeto de sus desvelos las miradas no coincidieron y no se pudo entablar conversación. Minutos después, en la parada del autobús, conoció a la mujer de su vida.

sábado, 12 de enero de 2019

Sentado al sol #1

Sentado al sol, en la puerta de la casa del pueblo, el viejo recordaba sus días, sabiendo que ya no le quedaban muchos instantes de gozo que disfrutar, pero dispuesto a disfrutar de todos y cada uno de ellos que le fueran dados.

(continuará)

miércoles, 26 de septiembre de 2018

lunes, 22 de enero de 2018

El origen de la expresión: a regañadientes

De las profundidades submarinas, de las más oscuras criptas, de las más recónditas grutas, de los universos más lejanos... regresa Ínfulas, cual Ave Fénix, dispuesta a narrar las aventuras más increíbles y a repetir tantas veces como sea necesario la excusa arquetípica de que "el perro se ha comido los deberes" cuando se nos pregunte dónde hemos estado todo este tiempo. Si a algunos partidos políticos les funciona, por qué a un humilde blog que ya no vive el mejor de sus tiempos no le va a servir.

Mientras tanto, no obstante, vamos a indagar y compartir conocimientos con nuestros amables y pacientes lectores (aunque puede que el plural sea demasiado aventurado), sobre una de las cosas que siempre han fascinado a los redactores de este cuaderno de bitácora del siglo XXI: el origen de las expresiones.

La que hoy nos ocupa hará las delicias de los odontólogos, dentistas, sacamuelas, ortodoncios y otros profesionales del mundo del piño. Se trata, ni más ni menos, de la expresión "a regañadientes".

Se usa esta expresión, como sin duda sabrán todos los circunstantes, para referirse al modo de aceptar una sugerencia, petición o exigencia sin estar del todo convencido que lo que se nos pide sea lo mejor o más rentable para nosotros mismos.

Ínfulas se ha sumergido en las procelosas aguas de los océanos de la red de redes y hete aquí que no hemos encontrado nada que sirva mínimamente para explicar el origen de esta expresión.

Es por ello que, como suele suceder en estos casos, nos hemos decantado por inventarnos el origen de la expresión (como, seamos sinceros, hemos hecho siempre).

Corría el siglo XVI en la estepa castellana cuando los barberos usaban la bacía y la navaja para muchas otras cosas además de rasurar mentones. Y aconteció que llegó el momento en que a las múltiples atribuciones de los profesionales de la barba se le sumó el sacar muelas, colmillos, dientes o premolares.

Claro, los clientes no estaban muy convencidos del servicio. Eso es algo que sigue ocurriendo hoy en día con los sucesores de aquellos barberos pioneros.

De tal suerte (o desgracia) que quien acudía al barbero aquejado de un dolor de muelas, por muy resignado que estuviera, nunca estaba persuadadido del todo y, por lo tanto, cuando el barbero (que nunca fue tonto) pedía la moneda por anticipado, el cliente-paciente la soltaba regañando por entre los dientes, a partes iguales por el dolor que siempre supone deshacerse de una fracción de la hacienda propia (por ínfima que sea dicha fracción), el dolor de muelas que traía de casa y el dolor que suponía iba a ser provocado por las tenazas del fígaro en cuestión.

Y así ha quedado esta expresión hasta nuestros días.