sábado, 4 de febrero de 2017

Cierre despacio

Inquietante texto en la puerta de un taxi.

Uno no sabe a qué se compromete cuando accede a uno de estos vehículos de transporte público. En el fondo es como firmar un contrato. Y ya se sabe que los contratos están para cumplirlos.

Ese día no había sido especialmente bueno para Torcuato. Había tenido que dejar su coche en el taller y el comentario y la mirada del mecánico le habían hecho sospechar que no iba a ser una reparación barata. Había perdido el metro y había llegado tarde a la oficina, donde tenía una reunión muy importante con su jefe y unos posibles clientes. La reunión, por decirlo de manera suave, no había ido demasiado bien. Los posibles clientes habían dejado de serlo al final de la reunión: posibles y clientes. El resto del día no había transcurrido mucho mejor. Se había quemado los labios con un café demasiado caliente y, como directa consecuencia de ello, se había manchado la camisa. No había conseguido quitar la mancha tras pasar unos momentos interminables en el lavabo y, al volver a su mesa, su compañero le había dicho que tenía una llamada de Diego Morales, de Recursos Humanos. Cuando estaba marcando el número de la extensión de ese compañero, sonó su móvil: era la encargada de la guardería de su hija, que se había puesto malita y tenía que ir a recogerla, porque estaba vomitando encima de todos los demás niños.

Así que dejó su oficina y nada más salir a la calle paró un taxi, y tras entrar en él, le dio al taxista la dirección de la guardería. El taxista le lanzó unas cuantas miradas inquietantes a través del retrovisor, pero, por primera vez en lo que llevaba de día, Torcuato se consideró afortunado, pues al parecer era del tipo de los taxistas silenciosos.

El taxi llegó a su destino. Torcuato pagó la carrera y salió sin prestar atención al texto que figuraba en la parte exterior de la puerta trasera: Cierre despacio. Aquello fue lo último que hizo aquel día. Aquello fue lo último que hizo aquel y cualquier otro día.

Un  contrato es un contrato.

lunes, 16 de enero de 2017

Consejos vendo que para mi no tengo #3

Asegúrate de encontrarte en posición vertical cuando vayas a dar saltos de alegría. Hacerlo desde posición horizontal,  si bien igual de gozoso en el fondo, suele ser más doloroso en la forma.

domingo, 15 de enero de 2017

Chiste de matemáticas

Un alumno se presenta a un examen de matemáticas.

Después de un rato sin escribir, el alumno se pone de pie, se baja la bragueta, se saca el miembro y comienza a orinar encima de la hoja de papel del examen.

El profesor, escandalizado, le pregunta:

- ¡Pero qué haces!

A lo que el alumno responde:

- Echar cálculos.

(Gracias, Darío)

viernes, 6 de enero de 2017

Consejos vendo que para mi no tengo #2

Que no te quiten lo bailado.
Guárdalo.
Consérvalo en un lugar seco y seguro.
Cuídalo como si fuera lo más valioso que tienes.
Quizás lo sea.

Consejos vendo que para mi no tengo #1

Cuando comiences un blog, asegúrate de asignarle una periodicidad "periódica".

lunes, 22 de agosto de 2016

La princesa y el bufón

¿Por qué se enamoró la princesa del bufón?


Porque le hizo tilín.


(Chiste malo inspirado en las obras de Terry Pratchett, grandísimo contador de chistes malos).

sábado, 16 de julio de 2016

Reflexión a bote pronto #301

Llegado al punto de que se le permitiera elegir, ¿dónde preferiría el ocasional lector y/o comentarista de Ínfulas pasar sus últimas doce horas?

Opciones:

  • Garito de mala muerte (opción etílica).
  • Antro de vicio y perversión (opción viciosa).
  • Habitación de hospital (opción tristona).
  • Putiferio o en su defecto mansión de Playboy (opción venérea).
  • Isla desierta con cocoteros, increíbles atardeceres y una naturaleza con la que poder ser uno o una y trino o trina (opción new-age).
  • Catedral, monasterio, convento o algo así muy místico tipo Tíbet (opción espiritual).
  • Cabina de criogenización (opción Walt Disney).
  • Discoteca llena de maricas (opción Punsetes).
  • Cualquier otra cosa que se le ocurra al lector y/o comentarista y que quiera compartir con el resto de los compañeros infuleros.


lunes, 11 de julio de 2016

El rincón del poeta #2 revisited

Hace la friolera de 10 años, 1 mes y 4 días, cuando este blog tenía cierta repercusión social, cuando algún qué otro seguidor esperaba con cierta ilusión la publicación de entradas cuasi-diarias, cuando el humilde autor de esta bitácora no era tan humilde y confiaba, en que algún día gracias a ella se haría millonario, o por lo menos, famoso... hace ese tiempo se publicó una entrada etiquetada como literatura y llamada El rincón del poeta #2.

Esta entrada, por hache o por be, pasó desapercibida en las procelosas aguas del océano que se daba en conocer como blogosfera. Ni siquiera en aquella época mereció un simple comentario. Bien es cierto que quizás la entrada no tenía ni puta gracia, ni ingenio, ni gusto, ni valor alguno, pero no por eso vamos a cometer la injusticia de no defenderla.

Dado que en este blog, y en concreto la persona que usa el plural mayestático para redactar las entradas, siempre hemos sido defensores de las causas perdidas, eso es lo que vamos a hacer precisamente: defenderla. No sólo eso, la vamos a homenajear, la vamos a deconstruir y reconstruir. Que no se diga (frase que, de no ir entre admiraciones, pierde bastante fuerza, incluso raya en lo absurdo).

Ahí va ese homenaje:

Si yo tuviera una escoba
¡cuántas cosas barrería!
Mas si tuviera una aspiradora,
¿a qué aspiraría?
¿ein?
Sí, ¡yo!, tuviera una escoba.
¿Cuántas? ¿Cosas? ¡Barrería!
¿Aspiraría a tener una aspiradora?
Si yo tuviera una goma de borrar,
¿cuántas cosas borraría?
Si yo fuera rico,
¿cuántas cosas poseería?
Si sólo esta noche pudiéramos dormir
en una cama hecha de flores.
Si, si, si y sí:
si mi agüela tuviera ruedas,
ya no sería mi agüela.
¡Una escoba quisiera tener!
¡Fotre!
¡Fotre!
¡En el cajón sin ruedas!
¡Una escoba!
¿Una escoba?
¡Mi reino por una escoba!

jueves, 7 de julio de 2016

Reflexión a bote pronto #300

Si estás encurtido en mil batallas, ¿son necesariamente batallas navales?

(Esta reflexión va para nota)

sábado, 21 de mayo de 2016

Reflexión a bote pronto #299

Creo que sería una buena idea crear drones que entraran en las casas y se llevaran las propiedades de cierto valor.

Podríamos llamarles LADRONES.