lunes, 11 de mayo de 2009

Oto micoelato

El aspecto tan apetitoso que el indefenso submarinista ofrecía al tiburón fue lo que le salvó.

Al tiburón se le hizo la boca agua.

1 comentario:

Bricd dijo...

¿Y se ahogó o no?
¿Cómo a los perros de Paulov?