viernes, 30 de junio de 2006

¿El carnet por puntos? ¿Eso qué es lo que es?

(Infulas, en su vocación de servicio público, pone a disposición de los lectores un experto que resolverá todas las dudas que el carnet por puntos les pueda suscitar)

P: ¿A un peatón se le pueden quitar puntos?

R: Sí, siempre que estos sean de sutura y hayan secado convenientemente.

jueves, 29 de junio de 2006

El conceto es el conceto #3


(Ante la avalancha de comentarios y emilios recibidos recavando información acerca del conceto de la media hostia, como nos debemos a nuestros lectores -y al banco- aquí va ese esperado monográfico sobre ese conceto tan gambitero)

La media hostia: También conocida como semioblea, aunque es este un término que sólo utilizan los estudiosos de la materia, podemos definir la media hostia como un quiero y no puedo de hostia. Es decir, lo que viene siendo la mitad de una hostia completa, ya sea esta en su sentido literal o en el figurado. Claro está que nadie comulga con medias hostias, pero, en los tiempos que corren, también es muy complicado encontrar a alguien que comulgue con ruedas de molino.

¿Que qué tiene que ver una rueda de molino con la media hostia? ¡Ya me gustaría saberlo a mi!

En fin, lo que a nosotros nos interesa es el sentido figurado de la media hostia. Me vengo a referir al leve golpe con el revés de la mano en mejilla ajena, mientras se mira el tendido al más puro estilo Michael Laudrup. La media hostia es una y trina. La media hostia es fin y medio en sí misma. La media hostia pena por el mundo al encuentro de su otra media hostia. La media hostia siempre ha sido un conceto arcano, misterioso y secreto que oráculos, sacerdotisas, druidas, alquimistas y masones han transmitido de boca a oreja a lo largo de los siglos desde los brumosos despertares del mundo tal como lo conocemos.

Pero la principal aportación de la media hostia al conocimiento y la cultura humanas ha sido, es y será la expresión "No tienes ni media hostia", que deja al receptor de esa lindeza a la altura del betún, suponiendo que el betún pueda ser lo suficientemente alto como para que su altura sea perceptible. Por cierto, no sé si están los lectores al tanto de que Murphy no tiene ni media hostia. Si no lo están, deberían.

En cualquier caso, el lector que reciba la expresión "No tienes ni media hostia" debería entender que su interlocutor está mostrando una alarmante falta de respeto por su persona. Incluso, diríase que se muestra poco amistoso, hasta hostil. Como decía un conocido de este humilde escriba, poco leído (el interlocutor, no yo, ya que mi bitácora se encuentra entre las más visitadas de la blogosfera, y como supongo que todos mis visitantes saben leer, infiero que este humilde escriba es muy leído)... decía que un conocido mío decía aquello de "Hoy en día cualquier mismundi (sic) puede ser millonario". Sepa el lector, y con esto concluyo, para solaz de lectores con vista cansada, que si te dicen que no tienes ni media hostia, te están llamando mindundi... con lo cual, quién sabe, quizás algún día puedas llegar a ser millonario.

Aforismo de todo a un euro #2

(Informamos a todos los ensobradores de azúcar que pueden hacer uso libre de todas las frases que aparezcan en esta sección)

Llorar es de malos nadadores.

(adaptación libre de un chiste malo, gracias Carlos)

lunes, 26 de junio de 2006

Reflexión a bote pronto #19

Todos poseemos nuestro propio reino a intervalos más o menos regulares, dependiendo de nuestro tracto intestinal.

jueves, 22 de junio de 2006

¡¡¡¡Exclusiva!!!! El original de Opá, yo viacé un corral

El inquieto equipo de investigación de Infulas ha tenido acceso a un documento estremecedor. Se trata de la letra original del clásico instantáneo Opá, yo viacé un corral, cuya autoría está injustamente adjudicada al siniestro personaje que aparece en la foto, que responde al malnombre de El Koala.

En Infulas (el único blog que se pone enlaces a si mismo en sus propias entradas), hemos considerado que era nuestro deber poner el original a disposición del público en general, aunque no podemos dar el nombre del autor, que ha preferido permanecer en el economato.

Es esta nuestra primera exclusiva. Y esperamos que no sea la última.

La canción se llama Oh, amado progenitor, quiero emprender un negocio agropecuario y, aunque son obvias las aristas por pulir, sobre todo en cuanto a métrica de los versos y remate de las rimas, además de que el estribillo queda un poco forzado, es claro y prístino que en la genialidad del texto original se halla la razón del éxito sin precedentes de la adaptación torticera que ha perpetrado el personaje que sale en la foto de arriba y cuyo nombre nos ahorramos repetir.

(Nota: los enlaces que aparecen en la letra no estaban presentes en el texto original; son gentileza de Infulas, que, en su afán de servicio público, quiere dar todas las facilidades a los lectores que después de leer esta entrada decidan establecer su propio negocio agropecuario).

Oh, amado progenitor, quiero emprender un negocio agropecuario
Oh, amado progenitor, me estoy planteando seriamente establecer una instalación agropecuaria,
con la noble intención de dedicarme a la cría de gallináceas e inclusive de felinos domésticos
Oh, respetado padre, me propongo iniciar un negocio
dedicado a la cría de perdices y otras especies ornitológicas
Oh, querido patriarca, me siento con ganas de iniciarme
en la porcinocultura
Oh, admirado papá, quiero emprender un negocio de explotación ganadera,
y no me olvidaré de la cría caballar

Me ofrezco voluntario a ayudarte con la maquinaria agraria,
te asistiré con el vehículo todo terreno,
prestaré mis riñones al servicio de tus patatales,
no pondré objeciones a ninguna de tus órdenes.

Oh, amado progenitor, me estoy planteando seriamente
establecer una instalación agropecuaria,
con la noble intención de dedicarme
a la cría de gallináceas y los felinos domésticos
Oh, padre mío, me estableceré por mi cuenta
si me das tu permiso, a partir de mi propio redil

Dispongo de madera y clavos.
Tengo material metálico para cerrar el tejado,
reciclado a partir de unos recipientes...
tengo una gran determinación...
este mismo domingo iniciaré la obra
si no me lo impide la desidia

Oh, amado progenitor, también me dedicaré a la cunicultura
Oh, venerable patriarca, tampoco decuidaré la cría canina
Oh, señor padre, dispondré de trastero y garaje
Oh, padre mío, me estableceré por mi cuenta
si me das tu permiso tendré mi propio redil

Te ayudaré a limpiar los higos chumbos,
te asistiré en la quema de rastrojo,
estoy a tu entera disposición,
pero quisiera que supuieras que ...

Oh, amado progenitor,
emplearé parte de mi tiempo en la cría de cabras
Oh, respetado padre,
sin dejar de lado la porcinocultura
Oh, querido patriarca,
si tu no presentas objeción tendré mi propio negocio
Oh, padre querido,
ya tengo localizado un terrenito en Gibraltar el pequeño

Oh, padre, tendré mi propio corral
Oh, padre, tendré mi propio corral
Oh, padre, tendré mi propio corral
Oh, padre, tendré mi propio corral
Oh, padre, tendré mi propio corral
Oh, padre, tendré mi propio corral

El origen de la expresión estar en la pomada

Cuenta la leyenda que hace siglos, en Bretaña los soldados partían a la batalla numerados. Cada guerrero exhibía un pendón con un determinado número de manzanas. Pero claro, no había pendones para todos. Por eso algunos soldados (llamados despendolaos) se tenían que ir a los lupanares del puerto... pero eso es otra historia que será contada en su debido momento.

El tema es que, dependiendo de la riqueza del condado que enviaba sus caballeros a la batalla, se solían conceder entre cuatro y seis pendones. La concesión de los pendones obedecía a los méritos obtenidos en la anterior campaña, de modo que el guerrero que hubiera regresado con mayor número de muescas (víctimas) en su haber
tenía derecho al pendón con una manzana. Y así sucesivamente. Los cuatro primeros caballeros jugaban la Champions y el quinto y el sexto jugaban la UEFA.

Pero no sólo eso: además, los guerreros mejor clasificados gozaban de una serie de ventajas. Podían seleccionar, por ejemplo, a las doncellas que más les gustaban, para retozar con ellas (por eso los despendolaos se iban de putas).

Y, en concreto, también disfrutaban de la ventaja que más nos interesa para lo que hoy queremos contar. Llegados tiempos de escasez, entre otras muchas cosas empezó a faltar el ungüento con que se curaban las heridas de los guerreros a su vuelta del combate, de modo que se decidió usar la clasificación de la pomada para ver quién tenía derecho a que sus heridas fueran curadas con el escaso ungüento.

De este modo, se generalizó primero la expresión estar en el ungüento, que, posteriormente, cuando el grupo de pendonados con manzana pasó a ser conocido como la pomada, quedó como estar en la pomada, como sinónimo de estar en el grupo de los primeros clasificados.

Hoy en día pomada ha sido adoptada como sinónimo de crema, potingue, bálsamo, vaselina... lo cual puede dar lugar a malintencionadas interpretaciones de esta frase hecha, que no vamos a caer en la tentación de comentar.

martes, 20 de junio de 2006

lunes, 19 de junio de 2006

El conceto es el conceto #2

Pesimismo posibilista: En el mejor de los casos, Murphy no tiene ni media hostia.

El origen de la expresión aburrirse como una ostra

Hubo un tiempo, lejano, en el que las ostras no se aburrían. Es más, se lo pasaban divinamente. Iban al cine, jugaban a los bolos, quedaban con los colegas a tomarse unas cañas... Vamos, que eran de lo más animado de la fauna oceánica.

Ejem... desde aquí percibo como los lectores más escépticos están rascándose la barbilla al tiempo que fruncen el ceño en clara señal de desconfianza... "¡Sí, hombre! ¿Cómo van a hacer todas esas cosas las ostras si no se pueden mover, puesto que, como vi en el correspondiente documental de National Geographic, están encerradas en una concha que a su vez está adherida a una roca?"

No puedo por menos que aplaudir a esos lectores escépticos puesto que su afición a los documentales les hará ser mejores personas, más curiosas y mejor informadas. Pero les pediría que dejaran a un lado ese escepticismo de que hacen gala y siguieran leyendo con la mente limpia e ingenua de un niño.

Pues resulta que hace muchos años, cuando las ostras, tal como hemos quedado, se lo pasaban de puta madre y se pasaban todo el día de fiesta en fiesta, lo hacían porque no estaban encerradas en concha alguna ni, por consiguiente, estaban condenadas a la inmovilidad.

Mas, ay, llegó un día en que las ostras empezaron a tener pensamientos metafísicos... así, en general... Vamos, que empezaron a preguntarse ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿adónde vamos? (estas dos preguntas se las podían hacer, recordemos, porque no estaban confinadas a una concha). Empezaron a darle al coco y decidieron que no podían seguir así, siendo seres sin oficio ni beneficio, decidieron que tenían que ser animales de provecho... Y hubo entonces una escisión en el mundo de las ostras: unas, las ostras judías, se dedicaron a cultivar perlas; mientras que el otro bando de ostras se dedicó a montar restaurantes...

Cuando las ostras restauradoras se dieron cuenta de que el plato más exquisito a los paladares de sus clientes en sus establecimientos era su propia carne, empezaron a temer por su propia seguridad, de modo que no tuvieron más remedio que refugiarse en unas conchas que les convenció de que adquirieran un agente de la propiedad inmobiliaria argentino, aficionado a la pornografía.

A las ostras judías les pasó tres cuartos de lo mismo (cuando lo lógico es que les hubieran pasado cuatro cuartos de lo mismo, y así nos evitaríamos tener que tratar con quebrados). En este caso, lo que llevó a las ostras judías a las conchas fue el desmedido apego de estas a la propiedad privada, pues sospechaban de toda la fauna marina como posibles sustractores de sus preciadas perlas.

O sea, el agente de la propiedad inmobiliaria argentino no había engañado a las ostras, pero les había ocultado cierta información. Las conchas eran cómodas y seguras, pero no demasiado estables... vamos, que cuando había mala mar, las ostras en sus conchas iban como puta por rastrojo, o como aquella Remedios Amaya, que no sabía quien manejaba su concha y le llevaba a la deriva.

Así que la asamblea plenipotenciara de ostras propietarias de una concha se reunió y decidió que lo más prudente era asentarse, unir la concha con un poco cemento a la roca y establecerse allí como honrados animales.

Y así es como las ostras empezaron a añorar la época en que estaban todo el día de parranda. Y así es como las ostras empezaron a aburrirse. Y el resto de la fauna marina, que recordaba lo cachondas que eran las ostras en el pasado, no tuvo reparos en acuñar la frase "aburrirse como una ostra", para mefa, bofa y escarnio de las propias ostras.

Queda por explicar cómo dicha historia trascendió y llegó a ser conocida por algún humano que pudiera incorporar la expresión "aburrirse como una ostra" al rico y variado acerbo popular. Lo más sencillo es tomar un atajo al estilo J.J. Benítez.

Una nave extraterrestre descendió sobre el planeta Tierra y se sumergió en la mar oceana, teniendo su primer contacto con una ostra que añoraba aquellos tiempos de fiesta y les contó esta historia a los receptivos marcianitos. Luego estos mismos marcianitos abducieron un marino de Fuenterrabía con el que llegaron a hacer buena amistad (aún se mandan tarjetas por Navidad) y al que, al final, acabaron contando la historia del aburrimiento de las ostras, mientras se pasaban las horas muertas entre sus experimentos y todo eso que se supone que te hacen cuando te abducen los "ornis".

¡Ostras!, exclamó el marino cuando escuchó por primera vez esta historia, y de paso acuñó una nueva interjección, elegante, no tan vulgar como ¡Hostia! y no tan repipi como ¡Cáspita!

viernes, 16 de junio de 2006

martes, 13 de junio de 2006

En defensa de... los maestros

La sección dedicada a la defensa de los colectivos tradicionalmente maltratados por la sociedad. Hoy dedicaremos esta sección de utilidad social a los maestros.

Casi todo el mundo odia a los maestros pero las razones aparentes para ello, una vez analizadas con cierto rigor, se desvelan insuficientes para justificar esa animadversión de la que son objeto las profesionales de la tiza y la pizarra.

Así pues, en esta sección nos encargaremos de sacar a la luz las razones por las cuales los maestros merecen tanto cariño y reconocimiento social como cualquiera de nosotros (en general, no hablo de mi mismo, pobre de mi). Y, si no lo conseguimos, al menos esta sección servirá para que si alguno de nuestros lectores está intentando ligar con alguien y empieza a desbarrar de los maestros y resulta que ese o esa alguien le espeta un “Pues mi padre es maestro”, pueda solventar la papeleta y salir del brete con torería y valor.

Introducido el tema, ataquémoslo de una vez por todas, ¡maldita sea!


La gente no suele respetar a los maestros. Esto es un hecho. Son las personas en las que depositamos la confianza sobre un tema tan importante como es la educación de nuestros hijos (el que los tenga) y, sin embargo, no los respetamos. Esto es así. Y no me venga ahora con el “¡Eh! ¡Eh! ¡Que yo sí respeto a los maestros!” ¡Mentira!

Nadie respeta a los maestros. Aún hay mucha gente que dice aquello de “Pasas más hambre que un maestro de escuela”. Resulta que los maestros tenían fama (muchas veces justificada) de tener unos sueldos bajísimos y, claro, normalmente eran paupérrimos. Con este refrán, además, se ponía de manifiesto que cualquier mindundi, por analfabeto que fuera, normalmente tenía más recursos que un maestro. Se estaba diciendo, de alguna manera, “tú tienes más cultura, pero yo tengo más pelas, jódete, je je je...”

Afortunadamente, creo que las cosas han cambiado, pero los maestros aún siguen siendo objeto de odio, en este caso, en forma de envidia, por culpa de la opinión generalizada de que es el oficio que más vacaciones tienen. Claro, todo el mundo piensa que los tres meses de vacaciones de verano que tienen los chavales, más todas las demás durante el curso, hacen un buen montón de días libres a lo largo del año. Cuando le he comentado esto a algún maestro me ha comentado que no todos los días de vacaciones son libres para ellos: hay algunos días que tienen que corregir exámenes o preparar temarios para el próximo curso. Vale, aunque sea así, dos meses de vacaciones no se los quita ni Dios. Y estoy seguro de que la mayoría de la población laboral vendería a su madre a cambio de dos meses de vacaciones al año. ¿Somos o no somos envidiosos, eh? (Ver glorioso extracto acerca de la envidia como deporte nacional en En defensa de... los farmacéuticos).

Luego está el poco respeto que tienen ahora los alumnos a los maestros. Supongo que con las últimas leyes relativas a la educación (cada vez peores), que han quitado autoridad a los maestros, es imposible hacerse valer ante los estudiantes y ni siquiera conseguir que te respeten.

Pero lo peor, en mi opinión, es el poco respeto que se tienen los maestros a sí mismos. Ya no se llaman maestros, sino profesores, y esto es un síntoma del poco orgullo que sienten por su profesión, ya que suponen que maestro, esa palabra tan bonita, es un término peyorativo y prefieren el mucho más neutro “profesor”. Claro, así es muy difícil conseguir el respeto de los demás. Aun así, hay que decir que los maestros son buenas personas, amigos de sus amigos y que si pueden hacerte un favor, te lo hacen sin dudarlo un solo instante...

Cuento apócrifo #3

"Cuando despertó, el despertador todavía estaba allí. Vale, en el suelo, pero allí al lado."

Agusto Monterrosa

Murphy no tiene ni media hostia #3

Dice la Ley de Ballance sobre la relatividad:
"La duración de un minuto depende del lado de la puerta del baño en que se encuentre."

Rete a Murphy y a su primo Ballance: instale baños en los dos lados de la puerta del baño y así los minutos siempre durarán lo que tienen que durar en un mundo de orden: 60 segundos.

lunes, 12 de junio de 2006

miércoles, 7 de junio de 2006

Reflexión a bote pronto #8

Si los historiadores se hubieran equivocado al escribir sobre la Guerra de la Secesión, ahora Estados Unidos podría ser una monarquía.

martes, 6 de junio de 2006

Na Na Na Na Na Na Na Na Na Na Na...


Este individuo, pese a lo que pueda parecer, no es de Barcelona. Se especula con que disfutó de una beca Erasmus. Si en Suecia hubiera tuna podría haber participado en ella, tocando el kazoo.

En cualquier caso, quiere cantarnos una canción con todos sus amigos... Aunque el penique ya no se use, dejémosle que se ponga ¡ciego siempre!

¿Ein? ¡Viva la gente!

En defensa de... los farmacéuticos

La sección dedicada a la defensa de los colectivos tradicionalmente maltratados por la sociedad. Hoy dedicaremos esta sección de utilidad social a los farmaceúticos.

Casi todo el mundo odia a los farmaceúticos pero las razones aparentes para ello, una vez analizadas con cierto rigor, se desvelan insuficientes para justificar esa animadversión de la que son objeto las profesionales de la aspirina y la receta.

Así pues, en esta sección nos encargaremos de sacar a la luz las razones por las cuales los farmaceúticos merecen tanto cariño y reconocimiento social como cualquiera de nosotros (en general, no este pobre juntaletras en particular). Y, si no lo conseguimos, al menos esta sección servirá para que si alguno de nuestros lectores está intentando ligar con alguien y empieza a desbarrar de los farmaceúticos y resulta que ese o esa alguien le espeta un “Pues mi padre es farmaceútico”, pueda solventar la papeleta y salir del brete con torería y valor.

Introducido el tema, ataquémoslo de una vez por todas, ¡maldita sea!

Ya sabemos que un farmacéutico se tira cinco años estudiando, total, para qué... para hacer de dependiente de una tienda. Que no hacen otra cosa, ¿eh? ¿eh? Bueno, vale, resulta que no es fácil llegar a tener una farmacia propia. Que hay mucha mafia y eso. Cieeeeeeeeerto.

Eso quizás explica como, de manera muy similar a los notarios, nada más conseguir la titularidad de una farmacia, el farmacéutico o farmacéutica corre a comprarse una placa que dice Licenciada Sahuquillo Peláez de Sonseca.

Y, nada, después a tumbarse a la bartola, a poner unos aprendices, becarios o lo que sea a atender al personal y a ganar dinero a espuertas. ¡Envidia! El deporte nacional, amigos. Que, por cierto, muchas veces me he puesto yo a pensar en... qué tiene de deporte eso de la envidia. Yo no lo veo por ningún lado... O sea, la envidia, ejercicio no se puede decir que requiera... Vale, el ajedrez tampoco, pero bueno requiere algún tipo de actividad, aunque sea mental... De acuerdo, la envidia también exige una actividad mental por parte del envidioso... Aunque estés tumbado en el sofá en camiseta estilo imperio y con un bote de cerveza encima de la barriga, viendo la tele, y giras la cabeza y ves por el balcón como al vecino de enfrente le acaban de traer un televisor supermegagigagrande que le chorrean las pulgadas por las cuatro esquinas y encima con sonido mediahostiasurround... tienes que apretar un poco los dientes y hacer el esfuerzo mental para pensar “Joder, qué cabrón el Manolo, menuda tele que se ha comprao...” Bueno, vale, me has convencido, de acuerdo con eso de que la envidia es el deporte nacional...

Pues yo, qué quieren que les diga, soy envidioso... Me gustaría ser farmacéutico. Que la gente te tenga envidia, que te hable de usted, que te pidan tu opinión sobre si la aspirina es mejor que el nolotil si eres alérgico al Real Madrid y te duele el alma.

También me gustaría ser farmacéutico para llevar bata blanca todo el día y salir en un anuncio de detergente, explicándoles al mundo que es muy importante que la bata esté siempre blanca porque si no la gente que viene a comprar condones no se fía de la higiene del negocio.

Pero, para ser sinceros, lo más admirable de los farmacéuticos es su capacidad para entender la letra de los médicos. ¡Eso sí que tiene mérito! Cada vez que llevas una receta a la farmacia, una receta que has estado estudiando en tu casa durante horas sin entender ni papa, se la entregas al farmacéutico con una sonrisa de suficiencia y piensas “Venga, va, a ver si pillas el código da vinci, macho”... y antes de que la dejes encima del mostrador el tío lissssto va y te pregunta “¿Lo quiere en cápsulas o en grageas?” ¡Me cago en mis detritos yo siempre en grageas, joder! ¡La duda ofende! ¡Qué falta de profesionalidad!

Pero, sabeis por qué yo no puedo ser farmacéutico... Porque si lo fuera me haría llamar boticario y pondría un cartel fuera que diría “Aquí hay de todo, como en botica”, y, claro, luego tendría que montar unos grandes almacenes. Gracias por su visita. Que tenga un buen día.

Cuento apócrifo #2

Pulgarcito le dijo a Garbancito:
- No tienes ni media hostia.

lunes, 5 de junio de 2006

Cuento apócrifo #1

En el Purgatorio de Pulgarcito los cuentos terminan con las doncellas comiendo biomanán.

Murphy no tiene ni media hostia #2

Vuelve de la compra siempre con una copia de las llaves de casa en cada bolsillo.

Aforismo de todo a un euro #1

(Informamos a todos los ensobradores de azúcar que pueden hacer uso libre de todas las frases que aparezcan en esta sección)

El que siembra improperios, recoge medias hostias.

Rincón del poeta #2

Si yo tuviera una escoba
¡cuántas cosas barrería!
Mas si tuviera una aspiradora,
¿a qué aspiraría?
¿ein?